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Tormenta de nieve en Irán

Tormenta de nieve en Irán 1972

Localización

País: Iran

Regiones afectadas: Oeste

Detalles de contacto: 36 ° 14 ′ 47 ″ N, 46 ° 15 ′ 59 ″ E

Características

Tipo: Nevada

Altura de la nieve: 7,9 metros

Fecha de formación: 3 de febrero de 1972

Fecha de disipación: 9 de febrero de 1972

Consecuencias

Número de muertes: 4000

Destrucción notable: 200 pueblos borrados del mapa

Irán, mapa de ubicación

Evolución meteorológica

Una serie de tormentas de nieve a finales de enero ya habían provocado acumulaciones sobre el oeste de Irán. Pasando de Azerbaiyán a Irán entre el 3 y el 8 de febrero, esta ventisca dejó 7,9 metros de nieve, el equivalente a un edificio de dos pisos y medio. Los vientos y la nieve provocaron la rotura de árboles y corrientes de agua. La nieve ha enterrado los rieles, carreteras y muchos pueblos, así como vehículos aplastados bajo su peso.

En el punto álgido de la tormenta, las autoridades estimaron que una región que abarcaba todo el oeste de Irán estuvo nevada durante una semana. Se interrumpió el suministro de alimentos y medicinas y la temperatura bajó a -25  ° C, lo que hizo muy precaria la supervivencia de las víctimas. Para complicar las cosas, una epidemia de influenza ha afectado a las zonas rurales desde el comienzo del invierno, y ya ha causado la muerte de varias personas.

El 9 de febrero, durante una pausa de 24 horas, los rescatistas que llegaron en helicópteros pudieron llegar a parte de la región. Donde había aldeas, encontraron inmensos ventisqueros que tuvieron que excavarse para encontrar a menudo solo cuerpos congelados. En la aldea de Sheklab, encontraron dieciocho cadáveres antes de que azotara otra tormenta de nieve el 11 de febrero, lo que obligó a los rescatistas a evacuar.

Los helicópteros del ejército dejaron caer dos toneladas de comida, en forma de panes y dátiles, esparcidos en ventisqueros alrededor de las aldeas con la esperanza de que los residentes pudieran repostar si pudieran hacer un túnel desde su tumba blanca. Pocos pudieron beneficiarse de él, en el pueblo de Sheklab nadie sobrevivió de una población de 100 personas.

 La tormenta de nieve de Irán de febrero de 1972 fue la tormenta de nieve más mortífera de la historia, según recoge el Libro Guinness de los Récords.[1][2] Un período de una semana de bajas temperaturas y severas tormentas invernales, que duró del 3 al 9 de febrero de 1972, provocó la muerte de más de 4.000 personas.[3] Las tormentas arrojaron más de 7,9 metros (25 pies 11 pulgadas) de nieve en zonas rurales del noroeste, centro y sur de Irán.[4] La tormenta de nieve llegó después de cuatro años de sequía.[5]

Personas ayudando a un coche accidentado algunos días antes del apogeo de la tormenta de nieve en Irán en 1972

Tipo: Ciclón extratropical
Tormenta invernal
Ventisca

Daño: ≥ 20 millones de dólares

El sur de Irán recibió hasta 7,9 metros (26 pies) de nieve, enterrando al menos a 4.000 personas. Según informes contemporáneos del periódico Ettela’at, la ciudad de Ardakan y las aldeas periféricas fueron las más afectadas, sin supervivientes en Kakkan o Kumar. En el noroeste, cerca de la frontera con Turquía, fue enterrado el pueblo de Shaklabad y sus 100 habitantes. Según algunos expertos, alrededor de 200 pueblos quedaron sepultados bajo la nieve y completamente borrados del mapa.[6][7]

Los eventos

Una parte de la primera página del periódico Etella’at publicada el 13 de febrero de 1972 durante la tormenta de nieve de Irán de 1972. Los títulos incluyen “60 personas asfixiadas bajo la nieve”, en referencia a la tormenta de nieve de 1972 en Irán, y ” Rey y Reina en Saint Moritz “.

A finales de enero ya se habían acumulado una serie de tormentas de nieve sobre el oeste de Irán. Al pasar de Azerbaiyán a Irán entre el 3 y el 8 de febrero, la tormenta de nieve dejó hasta 8 metros (26 pies) de nieve.[1] El viento y la nieve provocaron la rotura de árboles y líneas eléctricas. La nieve enterró vías, carreteras y muchas aldeas, y aplastó vehículos bajo su peso.

En el punto álgido de la tormenta, las autoridades estimaron que una región que incluía todo el oeste de Irán estuvo bajo la nieve durante una semana.[1] El suministro de alimentos y medicinas se agotó y la temperatura se desplomó a -25 °C (-13 °F), lo que hizo incierta la supervivencia de las víctimas de la tormenta de nieve. Además, a principios del invierno una epidemia de gripe comenzó a afectar a las zonas rurales y ya se cobró varias vidas.[1]

La tormenta de nieve cortó la conectividad de cientos de aldeas en Azerbaiyán; 20 autobuses que transportaban personas quedaron atrapados a ambos lados del paso de montaña de Heyran y un autobús que transportaba a 30 pasajeros se estrelló en el paso de montaña de Heyran, matando a todos sus pasajeros. Las tropas del ejército soviético llegaron demasiado tarde para rescatar a los ciudadanos soviéticos que habían quedado atrapados. Se produjeron avalanchas en la carretera de Chalus y se cortó el suministro eléctrico en el puerto de Anzali. Cientos de pasajeros y conductores quedaron atrapados en las carreteras y las principales carreteras del país y el tren de Azerbaiyán quedaron detenidos. Algunas personas en Tabriz se desmayaron de frío. Los pilotos de aviones extranjeros no se atrevieron a aterrizar en Mehrabad y los ciudadanos de Hamadan quedaron atrapados en sus casas. Se cerraron escuelas en 15 ciudades, al igual que muchos otros eventos que fueron noticia.[8]

Una parte de la primera página del periódico Etella’at publicada el 23 de enero de 1972 durante la tormenta de nieve de Irán de 1972, la tormenta de nieve más mortífera de la historia. Algunos de los títulos decían: “Condiciones inusuales en Teherán debido a las fuertes nevadas y al frío” y “La nieve cortó la conexión entre 3.750 aldeas en la provincia de Azerbaiyán”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bartolomé Colón

Bartolomé Colón

Nombre de nacimiento: Bartolomeo Colombo

Nacimiento: 13 de septiembre de 1460: Ciudad de Génova; República de Génova

Fallecimiento: 11 de diciembre de 1514; Ciudad de Concepción de la isla La Española, Virreinato colombino; Corona de Castilla

Nacionalidad: Genovesa

Familia

Padres: Domingo Colombo; Susana Fontanarrosa

Familiares

  1. Cristóbal Colón (hermano mayor)
  2. Giacomo Colombo (hermano menor)
  3. Diego Colón y Perestrelo (sobrino)
  4. Hernando Colón y Enríquez de Arana (sobrino)
  5. Luis Colón de Toledo (sobrino nieto)

Información profesional

Ocupación: Navegante, cartógrafo y gobernante colonial

Bartolomé Colón, nombre en italiano Bartolomeo Colombo (Génova,1234567813 de septiembre de 1460Concepción de la isla La Española, 11 de diciembre de 1514), fue un navegante y cartógrafo genovés, hermano de Cristóbal y Diego Colón, primer adelantado y segundo gobernador general de Indias, además de colaborador de su hermano mayor en sus viajes.

Biografía

Origen familiar y primeros años

Hijo de Domenico Colombo y Susanna Fontanarossa, es el hermano menor del mucho más conocido Cristóbal Colón. Como en el caso de su hermano mayor, el lugar de su nacimiento ha sido discutido. De sus declaraciones en los «pleitos colombinos» se desprende que pudo nacer hacia 1462.

Se mudó con Cristóbal a Portugal después de 1480. Trabajó como cartógrafo en Lisboa,9​ uno de los principales centros de conocimientos náuticos y cartográficos de la época, junto con su hermano Cristóbal, con el que compartía la llamada «empresa de las Indias», plan para abrir una vía alternativa al comercio de las especias procedentes de las Indias orientales, mediante la navegación por el oeste hasta alcanzar Asia.

Es posible que participase en la expedición de Bartolomé Díaz al cabo de Buena Esperanza entre 1487 y 1488. A su regreso marchó a Inglaterra y Francia, mientras Cristóbal se establecía en España, con objeto de intentar persuadir a los respectivos monarcas de iniciar esta empresa.

Adelantado y gobernador general de Indias

Trabajaba como cartógrafo al servicio de Ana de Francia cuando a mediados de 1493 le llegó una carta de su hermano comunicándole el descubrimiento y llamándole a reunirse con él en Barcelona. Cuando Bartolomé llegó a la ciudad condal Cristóbal ya había partido para su segundo viaje.

Financiado por la corona española, que puso a sus órdenes una pequeña flota, pudo viajar a la isla de La Española donde llegó el 24 de junio de 1494. Permaneció en la isla durante seis años y medio (1494-1500) quedando como gobernador general con el título de adelantado durante la ausencia de su hermano, que en junio de 1496 retornaba a España tras el segundo viaje.

Entre 1496 y 1498, exploró la desembocadura del río Ozama, en la costa sur de la isla y fundó la ciudad de Nueva Isabela, en la orilla oriental del río Ozama, devastada por un ciclón y refundada en 1502 en la orilla opuesta por el nuevo gobernador Nicolás de Ovando, quien la bautizó con el nombre de Santo Domingo de Guzmán, el actual Santo Domingo, capital de la República Dominicana.

En 1497, en ausencia de su hermano, estalló la revuelta encabezada por Francisco Roldán al frente de un grupo de descontentos por no haber percibido sus pagas. Tras intentar hacerse con la única carabela que se encontraba en el puerto, Roldán y los suyos se refugiaron en el interior de la isla, cometiendo todo género de tropelías. De vuelta en Santo Domingo en agosto de 1498 Cristóbal Colón pactó un acuerdo con Roldán, enviando ambos sus informes a la Corona. Colón reclamó también el envió de funcionarios reales.10

Pero todavía estallaron nuevos enfrentamientos en los que Roldán volvía a ser protagonista. Bartolomé Colón hizo encerrar a dieciséis revoltosos en un pozo. En esas circunstancias llegó a la isla el 23 de agosto de 1500 Francisco de Bobadilla, con cargo de juez pesquisidor y gobernador de La Española.10

Prisión y confiscación de los bienes

Al llegar Bobadilla a Santo Domingo únicamente se encontraba allí su otro hermano Diego Colón. Dos días más tarde hizo leer en la iglesia su nombramiento, exigiendo a Diego la liberación de los presos. Como este se negó a reconocer su autoridad, alegando que el título de almirante de su hermano estaba por encima, Bobadilla ordenó su prisión y la confiscación de los bienes de los hermanos.11

Tras tomar posesión de la fortaleza, Bobadilla liberó a sus presos e inició una investigación secreta en la que participaron todos los enemigos de los Colón. En sus pesquisas Bobadilla interrogó a veintidós testigos acerca de si los Colón habían intentado sublevarse contra él, si impedían el bautismo de los indígenas y sobre el modo de impartir justicia.11

En septiembre, requerido por Bobadilla, Cristóbal se presentó en Santo Domingo y escribió a su hermano Bartolomé, quien se encontraba en Jaragua con Roldán reprimiendo una revuelta, para que acudiese pacíficamente a Santo Domingo y acatase las órdenes del pesquisidor. En cuanto llegó a Santo Domingo fue encarcelado junto con sus hermanos y enviado con ellos a España a principios de octubre de 1500.12

Indulto real y confirmación como adelantado

El 25 de noviembre llegaron a la península, permaneciendo presos hasta que los reyes tuvieron conocimiento de ello y ordenaron su libertad y que se les hiciese entrega de dos mil ducados.12​ El 17 de diciembre de 1500 se presentaron ante los Reyes Católicos en Granada y el almirante se echó a llorar, consolado por la reina, pero Bartolomé no lloró ni se arrodilló. Altanero les dijo que le habían hecho venir, que había perdido seis años de su vida pasando peligros y penalidades en el Nuevo Mundo, y que ahora que estaba todo hecho era vejado y deshonrado, por lo que si ya no se le necesitaba reclamaba que se le pagasen todos sus sueldos, que con ellos reharía su vida.13

Tras el indulto real, Bartolomé acompañó de nuevo a su hermano Cristóbal en el último de sus cuatro viajes (1502-1504). En 1506 se dirigió a Roma para solicitar el apoyo de la orden de los Jerónimos y el del propio papa Julio II, al que llevó una copia de la carta que su hermano le había escrito al rey Fernando en 1503 dándole cuenta de sus últimas exploraciones. La operación tuvo cierto éxito porque el papa le escribió al monarca aragonés y al cardenal Cisneros sendas cartas elogiosas con la familia Colón. Al cardenal, que por entonces era regente de Castilla, le exhortó a que respetase las capitulaciones y privilegios del nuevo almirante, Diego Colón.14

Al fallecer Pedro de Estopiñán el 3 de septiembre de 1505 antes de pasar al Nuevo Mundo, siendo el nominal segundo adelantado y quinto gobernador general de Indias, Nicolás de Ovando permaneció hasta 1509 como cuarto gobernador general y Bartolomé Colón seguiría utilizando el título de primer adelantado con confirmación real hasta su fallecimiento.15

Posesión de la isla de Mona y fallecimiento

En 1509 viajó de nuevo a las Antillas en compañía de su sobrino Diego, pero no tardó en retornar a Castilla en donde el regente del reino, el soberano Fernando II de Aragón, le confirmó la posesión de la isla de Mona, próxima a Puerto Rico.

Finalmente el adelantado Bartolomé Colón falleció el 11 de diciembre de 1514 en la ciudad de Concepción16​ de la isla La Española, dejando como único heredero a su sobrino Diego Colón. Fue enterrado en el convento de San Francisco de Santo Domingo, primer monasterio que esta orden tuvo en la isla.16

La sepultura fue mencionada por el segundo almirante Diego Colón en su segundo testamento del 9 de septiembre de 1523. Diego Colón Muñiz apoderó a su tío Diego Colón junto al tesorero Sancho de Matienzo, para que tomaran posesión, en su nombre, de los bienes que dejó Bartolomé. Y así, el almirante le dirigió una carta a Matienzo en la cual dice:

[…] porque en Las Cuevas él (Bartolomé) tyene un arca, que en poder del Padre Don Gaspar está, çierta cantidad de dineros… asimismo porná vuestra merced por ynventario otras arcas que ay tyenen en poder del padre don Gaspar, todo lo que en ellas está, escripturas y cartas de marear, e una esfera grande y todo lo demás que oviere suyo, lo cual tenga todo el padre don Gaspar por memoria […] el arca que dicho tengo en que está el dicho dinero tyene dos llaves, la una está en poder del padre don Gaspar y la otra tyene un padre que se dice don fray Bartolomé Guerrero.

Actividad como cartógrafo

Bartolomé Colón debió dibujar numerosos mapas, según las fuentes contemporáneas. Hacia 1513 le envió al rey desde Santo Domingo «una carta y pintura de las Islas». También consta que Pietro Mártir vio un mapa comenzado por Cristóbal Colón y corregido por su hermano. No se conserva sin embargo ningún mapa firmado con su nombre. Se le han atribuido dos mapas manuscritos de la Española que muestran un gran número de iglesias y que se incluyeron en dos copias de las Décadas de Mártir, así como un mapa impreso de las Indias incluido en otros ejemplares de ese mismo libro;17pero otros historiadores consideran ese mapa obra de Andrés Bernáldez.18

Durante un tiempo se le atribuyeron también a Bartolomé Colón tres esbozos de mapas de las tierras ecuatoriales conservados en el Códice Zorzi de la Biblioteca Nacional Central de Florencia.19​ Son anotaciones dibujadas en los márgenes de una colección miscelánea de textos compilada por el veneciano Alessandro Zorzi. El códice incluye una informatione del viaje de Bartolomé Colón a Veragua y la carta escrita por Cristóbal Colón desde Jamaica.17

Zorzi escribió en la citada informatione que había comprado, a través de un religioso romano, «un dibujo de las costas de tales tierras» de la mano de Bartolomé. Ello llevó a historiadores como Wieser a suponer que se refería a los mapas dibujados en los márgenes del propio códice. Sin embargo, estos mapas son muy esquemáticos y representan regiones mucho más amplias que las costas de Veragua o Jamaica, además de utilizar algunos topónimos diferentes a los acuñados por Colón. Por ello, hoy día se considera que estos tres esbozos no fueron obra de Bartolomé Colón sino del propio Zorzi. No obstante, el texto de Zorzi confirma que Bartolomé Colón sí dibujo un mapa de algunas zonas del Caribe, hoy desaparecido.17

Códice Zorzi, mapa de las Indias occidentales antiguamente atribuido a Bartolomé Colón.

El primer mapa detallado de la isla de Santo Domingo

Mapa de la Española conservado en Bolonia, ca. 1516. Tamaño del original: 43 x 29,5 cm. Imagen cortesía de la web First Blacks of the Americas

¿Cómo era la isla de Santo Domingo justo después de la conquista española, a principios del siglo XVI? De las poquísimas imágenes que se conservan de aquella época, llama la atención un mapa bastante detallado que muestra los principales ríos y accidentes geográficos así como todas las poblaciones con iglesia cristiana.

El mapa no tiene fecha ni firma pero se ha atribuido a Bartolomé Colón, hermano del almirante Cristóbal Colón y primer gobernador (‘adelantado’) de la isla Española, antiguo nombre de Santo Domingo.

En realidad se trata de no uno sino dos mapas muy parecidos, ambos manuscritos. El más antiguo se encuentra inserto al final de un ejemplar de las Décadas del Nuevo Mundo de Pietro Martire d’Anghiera, obra publicada en 1511.

El otro mapa, dibujado sobre pergamino, está incluido en otro ejemplar de la misma obra pero de una edición posterior, de 1516. Este se encuentra en la Biblioteca Universitaria de Bolonia (Italia) y sí que se han publicado algunas imágenes. La imagen más nítida del original es la que abre esta entrada pero es difícil leer en ella los nombres de algunas poblaciones. Por suerte, en 1929 se publicó una monografía sobre este mapa acompañada de un facsímil en el que se aprecian los detalles con toda claridad; y esta obra está ahora disponible en Archive.org.

Tinkinswood

Tinkinswood

Tinkinswood o su nombre completo Tinkinswood Burial Chamber (galés: Siambr Gladdu Tinkinswood), también conocido como Castell Carreg, Llech-y-Filiast y Maes-y-Filiast,[2] es una cámara funeraria megalítica, construida alrededor de 6,000 BP (antes del presente), durante el período neolítico, en el valle de Glamorgan, cerca de Cardiff, Gales.

Cámara funeraria de Tinkinswood

Ubicación: Comunidades rurales de San Nicolás y Duffryn

Región: Vale of Glamorgan ( Bro Morgannwg ), Gales ( Gales : Cymru )

Coordenadas: 51 ° 27′4.96 ″ N 3 ° 18′29.17 ″ W

Tipo: Dolmen [1]

Períodos: Neolítico

Notas del sitio

La estructura se llama dolmen,[1] que era la estructura megalítica más común en Europa. El dolmen es del tipo de tumba de Severn-Cotswold,[2] [3] y consiste en una gran piedra angular en la parte superior, con piedras verticales más pequeñas que lo sostienen. La piedra caliza de Tinkinswood pesa aproximadamente 40 toneladas de largo y mide 24 pies (7,3 m) x 14 pies (4,3 m);[2] se cree que es el más grande de Gran Bretaña y también de Europa.[4] [5] Se necesitarían unas 200 personas para levantar la piedra en la posición correcta.[2] Originalmente estaba todo cubierto por un montículo de tierra, que se ha eliminado con el tiempo. El montículo restante detrás de la estructura mide aproximadamente 130 pies (40 m) x 59 pies (18 m) de tamaño.[2]

Historia

Dentro de la cámara funeraria con el capstone en la parte superior

Tinkinswood fue una vez una aldea, pero ahora todo lo que queda es la cámara funeraria, que se construyó alrededor de 6000 BP,[6] unos 1,000 años más o menos antes de que se construyera Stonehenge.[3] El sitio fue excavado en 1914,[2] [3] y dentro de la cámara había 920 huesos humanos, que estaban casi todos rotos. Esto demostró que al menos cuarenta personas de todas las edades y sexos fueron enterradas allí durante el período neolítico; parecería ser una cámara funeraria utilizada por todo el asentamiento.[2] Los cadáveres de los muertos probablemente quedaron expuestos antes de ser trasladados a la cámara funeraria. También se ha encontrado cerámica de estilo neolítico y campana de cristal, lo que demostró que la tumba de la cámara funeraria probablemente fue utilizada por una comunidad durante un largo período de tiempo, tal vez hasta el período temprano de la Edad del Bronce.[2] El trabajo de restauración se llevó a cabo al mismo tiempo, con un pilar de ladrillo construido para soportar la piedra angular.[2] [3]

Desde el sitio, dos líneas paralelas de piedras forman una avenida que se aleja de la cámara funeraria hacia el sureste. A lo largo de una segunda avenida hacia el noreste se encuentran muchas piedras. Una gran piedra individual se encuentra al este, y dos piedras planas paralelas apuntan a la cima de la cercana colina Coed Sion.[3]

El sitio es administrado por Cadw,[4] un organismo del gobierno galés responsable de la protección, conservación y promoción del patrimonio construido de Gales. En octubre de 2011, comenzaron nuevas excavaciones en el sitio.[7]

Mitos y leyendas

Muchos de los mitos y leyendas de Tinkinswood también están asociados con el cementerio cercano de St Lythans, a poca distancia. [5] La leyenda dice que cualquiera que pase una noche en Tinkinswood las tardes antes del Primero de Mayo, el Día de San Juan (23 de junio) o el Día del Medio Invierno moriría, se volvería loco o se convertiría en poeta.[2] Esta leyenda es similar a la leyenda general sobre las cimas de las montañas. Se dice que el grupo de cantos rodados al sudeste del monumento son mujeres que fueron convertidas en piedra para bailar en el día de reposo, otra leyenda asociada con los dólmenes.[5]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Impresión del sitio (no a escala) que mide aproximadamente 131 ‘(40m) por 59’ (18m).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tinkinswood de noche (Foto: Ben Salter)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Charco embarrado en el interior del monumento (Foto: Ben Salter)

Pilar de ladrillos con la fecha de la excavación (Foto: Judy Davies)

También se llevaron a cabo obras de restauración en el momento en que se realizó la excavación de 1914, y se añadió además un pilar de ladrillo para asegurar un apoyo adecuado a la losa horizontal.

Erupción del monte Tambora

Erupción del monte Tambora 1815

El Monte Tambora es un volcán en la isla de Sumbawa en la actual Indonesia, entonces parte de las Indias Orientales Holandesas,[2] y su erupción de 1815 fue la erupción volcánica más poderosa de la historia humana registrada. Esta erupción con índice de explosividad volcánica (VEI) 7 expulsó de 37 a 45 km 3 (8,9 a 10,8 millas cúbicas) de material equivalente a roca densa (DRE) a la atmósfera,[3] y fue la erupción VEI-7 confirmada más reciente.[4]

1815 erupción del monte Tambora

Imagen en falso color del monte Tambora, tomada desde el transbordador espacial Endeavour el 13 de mayo de 1992; este en la cima.

Volcán: Monte Tambora

Fecha de inicio: 1812[1]

Fecha final: 15 de julio de 1815[1]

Tipo: Ultra-pliniano

Ubicación: Sumbawa, Islas Menores de la Sonda, Indias Orientales Holandesas (ahora Indonesia) 8,25°S 118,00°E

Volumen: 37 a 45 km 3 (8,9 a 10,8 millas cúbicas)

Impacto

10.000 a 11.000 muertes por efectos volcánicos directos; 49.000 a 90.000 muertes por hambrunas y enfermedades epidémicas posteriores a la erupción en Sumbawa, Lombok y Bali; Reducción de las temperaturas globales en el año siguiente, lo que provocó hambrunas en numerosas regiones.

Aunque la erupción del monte Tambora alcanzó un clímax violento el 10 de abril de 1815,[5] durante los siguientes seis meses a tres años se produjeron un aumento de la formación de vapor y pequeñas erupciones freáticas. Las cenizas de la columna eruptiva se dispersaron por todo el mundo y redujeron las temperaturas globales en un evento conocido a veces como el Año sin verano en 1816.[6] Este breve período de cambio climático significativo provocó condiciones climáticas extremas y pérdidas de cosechas en muchas áreas del mundo. Varios forzamientos climáticos coincidieron e interactuaron de una manera sistemática que no se ha observado después de ninguna otra gran erupción volcánica desde principios de la Edad de Piedra.

Cronología de la erupción

Topografía actual de Sumbawa, el monte Tambora en el centro, la montaña más grande

Las regiones estimadas de caída de ceniza volcánica durante la erupción de 1815. Las áreas rojas muestran el espesor de la caída de ceniza volcánica. La región más exterior (1 cm (1 ⁄ 2  pulgadas) de espesor) llegaba a Borneo y Sulawesi.

El monte Tambora experimentó varios siglos de inactividad antes de 1815, causado por el enfriamiento gradual del magma hidratado en su cámara de magma cerrada.[7] Dentro de la cámara, a profundidades entre 1,5 y 4,5 km (5.000 y 15.000 pies), se formó la exsolución de un magma fluido a alta presión durante el enfriamiento y cristalización del magma. Se generó una sobrepresurización de la cámara de aproximadamente 4000 a 5000 bar (400 a 500 MPa; 58 000 a 73 000 psi), con una temperatura que oscilaba entre 700 y 850 ° C (1290 a 1560 ° F).[7] En 1812, el volcán comenzó a retumbar y generó una nube oscura.[8] El 5 de abril de 1815, se produjo una erupción gigante, seguida de estruendosos sonidos de detonación que se escucharon en Makassar en Sulawesi a 380 km (240 millas) de distancia, Batavia (ahora Yakarta) en Java a 1260 km (780 millas) de distancia, y Ternate en el Islas Molucas a 1.400 km (870 millas) de distancia. En la mañana del 6 de abril, comenzaron a caer cenizas volcánicas en Java Oriental y se produjeron débiles sonidos de detonación que duraron hasta el 10 de abril. Lo que al principio se pensó que era el sonido de disparos se escuchó el 10 de abril en Sumatra, a más de 2.600 kilómetros (1.600 millas) de distancia.[9]

Aproximadamente a las 19:00 horas del 10 de abril, las erupciones se intensificaron.[8] Tres columnas se elevaron y se fusionaron.[9]:249  Toda la montaña se convirtió en una masa fluida de “fuego líquido”.[9]:249  piedras pómez de hasta 20 cm (8 pulgadas) de diámetro comenzaron a llover alrededor de las 20:00, seguidas de ceniza alrededor de las 21:00-22:00. Los flujos piroclásticos cayeron en cascada desde la montaña hasta el mar en todos los lados de la península, arrasando el pueblo de Tambora. Se escucharon fuertes explosiones hasta la noche siguiente, el 11 de abril. El velo de ceniza se extendió hasta Java Occidental y Sulawesi del Sur. En Batavia se notaba un olor a nitroso y cayeron fuertes lluvias teñidas de tefra, que finalmente amainaron entre el 11 y el 17 de abril.[8]

Las primeras explosiones se oyeron en esta isla la tarde del 5 de abril, se notaron en todos los barrios y continuaron a intervalos hasta el día siguiente. En un primer momento, el ruido se atribuyó casi universalmente a un cañón lejano; tanto es así, que un destacamento de tropas marchó desde Djocjocarta, creyendo que se estaba atacando un puesto vecino, y junto a la costa, en dos ocasiones se enviaron barcos en busca de un supuesto barco en peligro.

— Memorias de Sir Stamford Raffles [9] : 241 

La explosión tuvo un VEI estimado de 7.[10] Se estima que se expulsaron 41 km3 (10 millas cúbicas) de traquiandesita piroclástica, con un peso aproximado de 10 mil millones de toneladas. Esto dejó una caldera que medía 6 a 7 kilómetros (3+1 ⁄ 2 – 4+1 ⁄  milla) de ancho y 600 a 700 m (2000 a 2300 pies) de profundidad.[8] La densidad de las cenizas caídas en Makassar fue de 636 kg/m 3 (39,7 lb/pie cúbico).[11] Antes de la explosión, la elevación máxima del monte Tambora era de unos 4.300 m (14.100 pies),[8] lo que lo convierte en uno de los picos más altos del archipiélago de Indonesia. Después de la explosión, su elevación máxima había caído a sólo 2.851 m (9.354 pies), aproximadamente dos tercios de su altura anterior.[12]

La erupción de Tambora de 1815 es la erupción más grande observada en la historia registrada, como se muestra en la siguiente tabla.[8][4] La explosión se escuchó a 2.600 km (1.600 millas) de distancia y la ceniza cayó al menos a 1.300 km (810 millas) de distancia.[8]

Secuelas

En mi viaje hacia la parte occidental de la isla pasé por casi todo Dompo y una parte considerable de Bima. Es impactante contemplar la extrema miseria a la que han sido reducidos los habitantes. Al borde del camino aún quedaban los restos de varios cadáveres y las huellas del lugar donde muchos otros habían sido enterrados: los pueblos casi completamente desiertos y las casas derrumbadas, los habitantes supervivientes se habían dispersado en busca de alimentos. … Desde la erupción, en Bima, Dompo y Sang’ir ha prevalecido una violenta diarrea que se ha llevado a un gran número de personas. Los nativos suponen que fue causado por beber agua impregnada de cenizas; y los caballos también han muerto, en gran número, a causa de una enfermedad similar.

—Teniente. Philips, ordenado por Sir Stamford Raffles para ir a Sumbawa.[9]  248–249 

Toda la vegetación de la isla fue destruida. Los árboles arrancados de raíz, mezclados con ceniza de piedra pómez, fueron arrastrados al mar y formaron balsas de hasta cinco kilómetros (tres millas) de ancho.[8] Entre el 1 y el 3 de octubre, los barcos británicos Fairlie y James Sibbald encontraron extensas balsas de piedra pómez a unos 3.600 km (2.200 millas) al oeste de Tambora.[13] Nubes de espesas cenizas todavía cubrían la cumbre el 23 de abril. Las explosiones cesaron el 15 de julio, aunque se observaron emisiones de humo hasta el 23 de agosto. En agosto de 1819, cuatro años después del suceso, se registraron llamas y fuertes réplicas.

Un tsunami de tamaño moderado azotó las costas de varias islas del archipiélago indonesio el 10 de abril, con una altura de hasta 4 m (13 pies) en Sanggar alrededor de las 22:00 horas.[8] Se informó de un tsunami de 1 a 2 m (3 a 7 pies) de altura en Besuki, Java Oriental, antes de la medianoche, y uno de 2 m (7 pies) de altura en las Islas Molucas. Se estima que el número total de muertos ronda los 4.600.[14]

Los cielos amarillos propios del verano de 1815 tuvieron un profundo impacto en las pinturas de JMW Turner

La columna de erupción alcanzó la estratosfera a una altitud de más de 43 km (141.000 pies).[4] Las partículas de ceniza más gruesas se asentaron una o dos semanas después de las erupciones, pero las partículas de ceniza más finas permanecieron en la atmósfera desde unos pocos meses hasta algunos años a altitudes de 10 a 30 km (33 000 a 98 000 pies).[8] Los vientos longitudinales esparcen estas finas partículas por todo el mundo, creando fenómenos ópticos. En Londres se observaron con frecuencia atardeceres y crepúsculos prolongados y de colores brillantes entre el 28 de junio y el 2 de julio de 1815 y el 3 de septiembre y el 7 de octubre de 1815. [8 ] El brillo del cielo crepuscular normalmente aparecía de color naranja o rojo cerca del horizonte y violeta o rosa arriba.

El número estimado de muertes varía según la fuente. Zollinger (1855) cifra el número de muertes directas en 10.000, probablemente causadas por flujos piroclásticos. En Sumbawa, 18.000 personas murieron de hambre o de enfermedades. Alrededor de 10.000 personas en Lombok murieron a causa de enfermedades y hambre.[15] Petroeschevsky (1949) estimó que unas 48.000 personas murieron en Sumbawa y 44.000 en Lombok.[16] Stothers en 1984 y varios otros autores han aceptado la afirmación de Petroeschevsky de 88.000 muertes en total.[8] Sin embargo, un artículo de 1998 escrito por J. Tanguy y otros afirmó que las cifras de Petroeschevsky eran infundadas y estaban basadas en referencias imposibles de rastrear.[17] La ​​revisión de Tanguy del número de muertos se basó en el trabajo de Zollinger en Sumbawa durante varios meses después de la erupción y en las notas de Thomas Raffles.[9] Tanguy señaló que pudo haber habido víctimas adicionales en Bali y Java Oriental debido al hambre y las enfermedades. Su estimación fue de 11.000 muertes por efectos volcánicos directos y 49.000 por hambrunas y enfermedades epidémicas posteriores a la erupción.[17] Oppenheimer escribió que hubo al menos 71.000 muertes en total.[4] Reid ha estimado que 100.000 personas en Sumbawa, Bali y otros lugares murieron por los efectos directos e indirectos de la erupción.[18]

Alteración de las temperaturas globales.

La erupción provocó un invierno volcánico. Durante el verano del hemisferio norte de 1816, las temperaturas globales se enfriaron 0,53 °C (0,95 °F). Este enfriamiento tan significativo provocó directa o indirectamente 90.000 muertes. La erupción del monte Tambora fue la causa más importante de esta anomalía climática.[19] Si bien hubo otras erupciones en 1815, Tambora está clasificada como una erupción VEI-7 con una columna de 45 km (148.000 pies) de altura, eclipsando a todas las demás en al menos un orden de magnitud.

El VEI se utiliza para cuantificar la cantidad de material expulsado, siendo un VEI-7 de 100 km 3 (24 millas cúbicas). Cada valor de índice por debajo de ese es un orden de magnitud (es decir, diez veces) menor. Además, la erupción de 1815 se produjo durante un Mínimo de Dalton, un período de radiación solar inusualmente baja.[20] El vulcanismo juega un papel importante en los cambios climáticos, tanto a nivel local como global. Esto no siempre se entendió y no entró en los círculos científicos como un hecho hasta que la erupción del Krakatoa en 1883 tiñó los cielos de naranja.[19]

La escala de la erupción volcánica determinará la importancia del impacto sobre el clima y otros procesos químicos, pero se medirá un cambio incluso en los entornos más locales. Cuando los volcanes entran en erupción, expulsan dióxido de carbono (CO2), agua, hidrógeno, dióxido de azufre (SO2), cloruro de hidrógeno, fluoruro de hidrógeno y muchos otros gases (Meronen et al. 2012). El CO 2 y el agua son gases de efecto invernadero, que representan el 0,0415 por ciento y el 0,4 por ciento de la atmósfera, respectivamente. Su pequeña proporción oculta su importante papel a la hora de atrapar la radiación solar y reirradiarla de regreso a la Tierra.

Efectos globales

Concentración de sulfato en núcleos de hielo del centro de Groenlandia, datada mediante el conteo de variaciones estacionales de isótopos de oxígeno: alrededor de la década de 1810 se produjo una erupción desconocida.[21]

La erupción de 1815 liberó SO2 a la estratosfera, provocando una anomalía climática global. Diferentes métodos han estimado la masa de azufre eyectada durante la erupción: el método petrológico; una medición óptica de la profundidad basada en observaciones anatómicas; y el método de concentración de sulfato de núcleos de hielo polar, utilizando núcleos de Groenlandia y la Antártida. Las cifras varían según el método, oscilando entre 10 y 120 millones de toneladas.[4]

En la primavera y el verano de 1815, se observó una “niebla seca” persistente en el noreste de Estados Unidos. La niebla enrojeció y oscureció la luz del sol, de modo que las manchas solares eran visibles a simple vista. Ni el viento ni la lluvia dispersaron la “niebla”. Fue identificado como un velo de aerosol de sulfato estratosférico.[4] En el verano de 1816, los países del hemisferio norte sufrieron condiciones climáticas extremas, denominadas el “Año sin verano. Las temperaturas globales promedio disminuyeron entre 0,4 y 0,7 °C (0,7 a 1,3 °F),[8] lo suficiente como para causar importantes problemas agrícolas en todo el mundo. El 4 de junio de 1816, se informaron heladas en las elevaciones superiores de New Hampshire, Maine (entonces parte de Massachusetts), Vermont y el norte de Nueva York. El 6 de junio de 1816, nevó en Albany, Nueva York y Dennysville, Maine.[4] El 8 de junio de 1816, se informó que la capa de nieve en Cabot, Vermont, todavía tenía 46 cm (18 pulgadas) de profundidad.[22] Tales condiciones se produjeron durante al menos tres meses y arruinaron la mayoría de los cultivos agrícolas en América del Norte. Canadá experimentó un frío extremo durante ese verano. Nieve de 30 cm (12 pulgadas) de profundidad acumulada cerca de la ciudad de Quebec del 6 al 10 de junio de 1816.

El segundo año más frío en el hemisferio norte desde alrededor de 1400 fue 1816, y la década de 1810 es la década más fría registrada. Esa fue la consecuencia de la erupción del Tambora en 1815 y posiblemente de otra erupción del VEI-6 a finales de 1808. Las anomalías de la temperatura de la superficie durante el verano de 1816, 1817 y 1818 fueron −0,51 °C (−0,92 °F), −0,44 °C (−0,79 °F) y −0,29 °C (−0,52 °F), respectivamente.[10] Algunas partes de Europa también experimentaron un invierno más tormentoso.[cita necesaria]

Se ha atribuido a esta anomalía climática la gravedad de las epidemias de tifus en el sudeste de Europa y a lo largo del mar Mediterráneo oriental entre 1816 y 1819.[4] Los cambios climáticos perturbaron los monzones indios, provocaron tres cosechas fallidas y hambrunas, y contribuyeron a la propagación del tifus, una nueva cepa de cólera que se originó en Bengala en 1816.[23] Mucho ganado murió en Nueva Inglaterra durante el invierno de 1816-1817. Las temperaturas frescas y las fuertes lluvias provocaron cosechas fallidas en las Islas Británicas. Las familias de Gales viajaron largas distancias como refugiados, pidiendo comida. La hambruna prevaleció en el norte y suroeste de Irlanda, tras el fracaso de las cosechas de trigo, avena y patatas. La crisis fue grave en Alemania, donde los precios de los alimentos aumentaron bruscamente y en muchas ciudades europeas se produjeron manifestaciones frente a mercados de cereales y panaderías, seguidas de disturbios, incendios provocados y saqueos. Fue la peor hambruna del siglo XIX.[4]

Efectos del vulcanismo

El vulcanismo afecta a la atmósfera de dos maneras distintas: un enfriamiento a corto plazo causado por la insolación reflejada y un calentamiento a largo plazo debido al aumento de los niveles de CO2. La mayor parte del vapor de agua y del CO2 se acumula en las nubes en unas pocas semanas o meses porque ambos ya están presentes en grandes cantidades, por lo que los efectos son limitados.[24] Se ha sugerido que una erupción volcánica en 1809 también pudo haber contribuido a una reducción de las temperaturas globales.[21]

Impacto de la erupción

Según la mayoría de los cálculos, la erupción de Tambora fue al menos un orden de magnitud completo (10 veces) mayor que la del Monte Pinatubo en 1991 (Graft et al. 1993)[cita necesaria] Se estima que 1220 m (4000 pies) de la erupción La cima de la montaña se derrumbó para formar una caldera, reduciendo la altura de la cumbre en un tercio. Alrededor de 100 km3 (24 millas cúbicas) de roca fueron lanzados al aire (Williams 2012)[cita necesaria] También se bombearon gases tóxicos a la atmósfera, incluido azufre que causó infecciones pulmonares (Cole-Dai et al. 2009).[cita necesaria] La ceniza volcánica tenía más de 100 cm (40 pulgadas) de profundidad dentro de los 75 km (45 millas) de la erupción, mientras que las áreas dentro de un radio de 500 km (300 millas) vieron una caída de ceniza de 5 cm (2 pulgadas) y ceniza, se podía encontrar a una distancia de hasta 1.300 km (810 millas).[4] Las cenizas quemaron y sofocaron los cultivos, creando una escasez inmediata de alimentos en Indonesia. (Cole-Dai et al. 2009)[cita necesaria] La eyección de estos gases, especialmente cloruro de hidrógeno, provocó que la precipitación fuera extremadamente ácida, matando gran parte de los cultivos que sobrevivieron o rebrotaron durante la primavera. La escasez de alimentos se vio agravada por las guerras napoleónicas, las inundaciones y el cólera.[4] Su liberación de energía fue equivalente a aproximadamente 33 gigatoneladas de TNT (1,4 × 1020  J).[25]

José Miguel Viñas en X: “Este mapa del alcance de la ceniza generada por la erupción del #Tambora, en ABR-1815, por espesores, es impactante. Se acumuló una capa de 1 cm

Las cenizas en la atmósfera durante varios meses después de la erupción reflejaron cantidades significativas de radiación solar, lo que provocó veranos inusualmente fríos que contribuyeron a la escasez de alimentos.[4] China, Europa y América del Norte tuvieron temperaturas bien documentadas por debajo de lo normal, que devastaron sus cosechas. La temporada de monzones en China e India se alteró, provocando inundaciones en el valle del Yangtze y obligando a miles de chinos a huir de las zonas costeras. (Granados et al. 2012)[cita necesaria] Los gases también reflejaron parte de la radiación solar entrante ya disminuida, provocando una disminución de 0,4 a 0,7 °C (0,7 a 1,3 °F) en las temperaturas globales a lo largo de la década. Durante los veranos de 1816 y 1817 se formó una presa de hielo en Suiza, lo que le valió a 1816 el título de “Año sin verano”.[24] Los meses de invierno de 1816 no fueron muy diferentes de los de años anteriores, pero la primavera y el verano mantuvieron temperaturas frescas hasta heladas. El invierno de 1817, sin embargo, fue radicalmente diferente, con temperaturas inferiores a -34 °C (-30 °F) en el centro y norte de Nueva York, lo suficientemente frías como para congelar lagos y ríos que normalmente se utilizaban para transportar suministros. Tanto Europa como América del Norte sufrieron heladas que duraron hasta junio, con una acumulación de nieve de 32 cm (13 pulgadas) en agosto, que acabó con los cultivos recientemente plantados y paralizó la industria alimentaria. La duración de las temporadas de crecimiento en partes de Massachusetts y New Hampshire fue de menos de 80 días en 1816, lo que provocó pérdidas en las cosechas (Oppenheimer 2003). Se observaron puestas de sol visualmente únicas en Europa occidental y se observó niebla roja a lo largo de la costa este de los EE. UU. Estas condiciones atmosféricas únicas persistieron durante la mayor parte de 2,5 años (Robock 2000)[cita necesaria]

Los científicos han utilizado núcleos de hielo para monitorear los gases atmosféricos durante la década fría (1810-1819), y los resultados han sido desconcertantes. Las concentraciones de sulfato encontradas tanto en la estación Siple, en la Antártida como en el centro de Groenlandia rebotaron de 5,0[se necesita aclaración] en enero de 1816 a 1,1[se necesita aclaración] en agosto de 1818.[21] Esto significa que se expulsaron a la atmósfera entre 25 y 30 teragramos de azufre, la mayor parte de los cuales provino de Tambora, seguido de una rápida disminución a través de procesos naturales. Tambora provocó el mayor cambio en las concentraciones de azufre en los núcleos de hielo de los últimos 5.000 años. Las estimaciones del rendimiento de azufre varían de 10 teragramos (Black et al. 2012)[cita necesaria] a 120 teragramos (Stothers 2000)[cita necesaria] con un promedio de estimaciones de 25 a 30 teragramos. Las altas concentraciones de azufre podrían haber causado un calentamiento estratosférico de alrededor de 15 °C (27 °F) durante cuatro años, lo que resultó en un enfriamiento retardado de las temperaturas de la superficie que duró nueve años. (Cole-Dai et al. 2009) cita necesario] Esto ha sido denominado un “invierno volcánico“, similar a un invierno nuclear debido a la disminución general de las temperaturas y las pésimas condiciones agrícolas.[4]

Los datos climáticos han demostrado que la variación entre las mínimas y máximas diarias puede haber influido en la temperatura promedio más baja porque las fluctuaciones fueron mucho más moderadas. En general, las mañanas eran más cálidas debido a la nubosidad nocturna y las tardes eran más frescas porque las nubes se habían disipado. Hubo fluctuaciones documentadas en la cobertura de nubes en varios lugares, lo que sugería que se trataba de un suceso nocturno y que el sol las eliminaba, como si fuera una niebla.[4] Los límites de clase entre 1810 y 1830 sin años de perturbaciones volcánicas fueron de alrededor de 7,9 °C (14,2 °F). Por el contrario, los años de perturbación volcánica (1815-1817) tuvieron un cambio de sólo alrededor de 2,3 °C (4,1 °F). Esto significó que el ciclo anual medio en 1816 fue más lineal que en forma de campana y 1817 sufrió un enfriamiento en todos los ámbitos. El sureste de Inglaterra, el norte de Francia y los Países Bajos experimentaron la mayor cantidad de enfriamiento en Europa, seguidos por Nueva York, New Hampshire, Delaware y Rhode Island en América del Norte.[24] Las precipitaciones documentadas fueron hasta un 80 por ciento superiores a las normales calculadas con respecto a 1816, con cantidades inusualmente altas de nieve en Suiza, Francia, Alemania y Polonia. Esto contrasta nuevamente con las precipitaciones inusualmente bajas en 1818, que causaron sequías en la mayor parte de Europa y Asia. (Auchmann et al. 2012) [26] Rusia ya había experimentado veranos inusualmente cálidos y secos desde 1815 y esto continuó durante los siguientes tres años. También hay reducciones documentadas en la temperatura del océano cerca del Mar Báltico, el Mar del Norte y el Mar Mediterráneo. Esto parece haber sido un indicador de cambios en los patrones de circulación oceánica y posiblemente cambios en la dirección y velocidad del viento (Meronen et al. 2012)[cita necesaria]

Teniendo en cuenta el Mínimo de Dalton y la presencia de hambrunas y sequías anteriores a la erupción, la erupción de Tambora aceleró o exacerbó las condiciones climáticas extremas de 1815. Mientras que otras erupciones y otros eventos climatológicos habrían llevado a un enfriamiento global de aproximadamente 0,2 °C (0,4 °F), Tambora aumentó sustancialmente en ese punto de referencia.[21]

El incidente Tambora fue la erupción volcánica más prolongada del último milenio. Según el Índice de Explosividad Volcánica del Estudio Geológico de Estados Unidos, Tambora recibe una calificación de 7 en una escala de 8, y es del tipo Ultra Pliniana. Eso es diez veces más potente que la erupción del Monte Pinatubo en 1991, y cien veces mayor que el estallido del Monte Santa Helena en 1981.

La explosión del Tambora produjo una columna de fuego de más de 20 kilómetros de altura y se pudo escuchar a 2.000 kilómetros de distancia. Fue muy superior a la del Krakatoa, también en Indonesia, en la isla de Java, que ocurrió 60 años después.

Vista aérea del Volcán Tambora (Getty Images)

Al principio, la bruma mortífera del Tambora creó ocasos extraños y espectaculares que inspiraron a los artistas del mundo entero, entre ellos el célebre paisajista inglés J. M. W. Turner (bien llamado el «pintor de la luz»), que lo plasmó en algunas de sus obras.

M. W. Turner, Canal de Chichester (1828)

 

 

 

 

 

Kuhikugu

Kuhikugu

Kuhikugu es un sitio arqueológico ubicado en Brasil, en la cabecera del río Xingu, en la selva amazónica. El área alrededor de Kuhikugu se encuentra hoy en parte del Parque Nacional Xingu. Kuhikugu fue descubierto por primera vez por el antropólogo Michael Heckenberger, que trabajó junto con el pueblo local Kuikuro, que son probablemente descendientes de los habitantes originales de Kuhikugu.[1]

Mapa de Kuhikugu

Complejo arqueológico e historia.

En sentido amplio, el nombre se refiere a un complejo arqueológico que incluye veinte ciudades y pueblos, repartidos en un área de alrededor de 7.700 millas cuadradas (20.000 km2), donde alguna vez vivieron cerca de 50.000 personas. Kuhikugu probablemente estuvo habitado desde hace unos 1.500 años hasta hace tan solo 400 años, cuando las personas que vivían allí probablemente murieron a causa de enfermedades traídas por los europeos. Aunque es probable que los europeos no la transmitieran directamente a los habitantes de Kuhikugu, sí transmitieron enfermedades directamente a socios comerciales de otras áreas. Cuando los europeos llegaron a esta zona, la civilización ya se estaba desmoronando.[2] Los primeros conquistadores que exploraron esta área probablemente vieron los últimos momentos de estas ciudades, y sus registros brindan una idea de cómo habrían sido estos lugares. Y cuando los europeos regresaron algún tiempo después, las ciudades y pueblos ya estaban consumidos por la selva tropical. Los indígenas ahora vivían en tribus alejadas de las ruinas, y la memoria de esa civilización se recordaba a través de la tradición oral.

Lo que distingue a las personas que habrían habitado Kuhikugu de otras civilizaciones sudamericanas son sus monumentos horizontales. A diferencia de los pueblos aztecas y mayas que construyeron pirámides, estos pueblos construyeron largos monumentos en el suelo para sus dioses. Presumiblemente, esto se debe a que sería imposible mantener una pirámide grande en una selva tropical y quedaría eclipsada por los árboles circundantes. La ingeniería era lo suficientemente sofisticada para puentes que cruzaban grandes secciones de río y fosos con fines defensivos. Además, la tierra negra que rodea la zona indica actividad agrícola a gran escala[1] [3]

Asentamiento X11

Estrictamente hablando, Kuhikugu es el asentamiento X11 de este complejo, ubicado cerca de Porto dos Meinacos en la orilla oriental del lago Kuhikugu (ahora Lagoa Dourada) a 12°33′30″S 53°6′40″W. Allí, así como en otros antiguos asentamientos del complejo Kuhikugu, las imágenes de satélite revelan que aún hoy el bosque difiere de las áreas prístinas circundantes, y la exploración terrestre revela que esto es un efecto del antrosol (cf. terra preta), conocido al Kuikuro como egepe. Directamente al norte del sitio X11 hay una aldea Kuikuro, cuyo pequeño tamaño proporciona una comparación interesante con la gran área de egepe que indica el asentamiento prehistórico.[4]

Se construyeron grandes zanjas defensivas y empalizadas alrededor de algunas de las comunidades de Kuhikugu.[1] [4] También existen grandes plazas en algunas de las ciudades de la región, algunas de alrededor de 490 pies (150 m) de ancho.[1] [4] Muchas de las comunidades en Kuhikugu estaban conectadas, con caminos que unían algunos ríos a lo largo de sus caminos y con canales para canoas que corrían a lo largo de algunos de los caminos. Los sitios X35 y X34 son comunidades importantes conectadas por dos de estos caminos. El sitio X11 tiene un total de 4 suburbios que se conectan a través de un río o una carretera, y todos parecen tener una relación constante entre sí.[4]

Es posible que existieran campos de mandioca (yuca) alrededor de las comunidades de Kuhikugu, lo que sugiere que la gente allí eran agricultores.[4] [5] Las presas y estanques que parecen haber sido construidos en el área también sugieren que los habitantes de Kuhikugu pueden haber estado involucrados en la piscicultura, que todavía practican algunos de sus descendientes Kuikuro de hoy en día.

La ciudad perdida de Z

Existe la posibilidad de que las leyendas sobre Kuhikugu hayan convencido al explorador británico, el teniente coronel Percy Fawcett, de emprender su expedición a la “Ciudad Z“. Fawcett afirmó haber descubierto una gran cantidad de fragmentos de cerámica en el Amazonas mientras realizaba trabajo de campo, y los sitios de Kuhikugu podrían haber tenido potencialmente una gran cantidad de cerámica en la superficie. Hay más de 20 sitios que abarca Kuhikugu, cada uno de los cuales podría haber albergado a más de 5.000 personas, y la planificación urbana sofisticada y las estructuras restantes podrían haber sido lo que Fawcett estaba buscando. Todos los sitios siguen un diseño similar, lo que significa que cualquiera de los sitios podría haber influido en Fawcett para buscar la Ciudad Perdida de ‘Z’.[3]

source : http://www.sciences-faits-histoires.com/blog/archeologie/bresil-kuhikugu-ou-site-x11-la-cite-z.html

Kuhikugu, ciudad perdida de Amazonia

Actualmente se acepta que el Amazonas ha sido el hogar de civilizaciones urbanas comparables en tamaño a las ciudades medianas de Europa Occidental. En los años 90, Hecklenberger revivió el mito de las ciudades perdidas de la Amazonia al estudiar los sitios arqueológicos del Alto Xingu, Brasil, entre ellos el famoso X11: Kuhikugu (M. Hecklenberger, pour la science n°388, 2010).

Sin embargo, el Amazonas ha transmitido durante mucho tiempo en la imaginación occidental moderna el Eros de la naturaleza original, virgen e inocente, luchando contra los thanatos de la modernidad destructiva. Las tribus, a diferencia de otras civilizaciones del sur o de Mesoamérica, no dejaron ninguna construcción duradera allí. Durante mucho tiempo se redujeron a los primitivos pueblos cazadores-recolectores que vivían en la Edad de Piedra y se conformaban con lo que la naturaleza estaba dispuesta a darles. En 1982, Pierre Gourou, en su obra seminal «Tierras de Buena Esperanza», contrastó las altas densidades del Delta del Mekong con las muy bajas densidades de la cuenca del Orinoco. Justificó esto por la ausencia o el dominio de las «técnicas de enmarcado». ¿Cómo podemos entonces concebir civilizaciones amazónicas pasadas que sean diferentes de las actuales? Esta visión cambiará gradualmente a partir de la década de 1970. Los investigadores redescubrieron entonces los escritos de los primeros exploradores. Michael Heckenberger cita los relatos de Gaspar de Carvajal, quien escribió en 1542 que «más de 200 piraguas, cada una de las cuales transportaba de 20 a 30 indios y unos 40, surgieron de las islas amazónicas que él pensaba que estaban deshabitadas». Casi dos siglos más tarde, el brasileño Antonio Pires de Campos se aventura cerca del Río Tapajos, al oeste de Xingu, y también evoca muchos pueblos bien conectados entre sí por amplios caminos. Estas observaciones serán corroboradas por R. Carneiro y especialmente por M. Heckenberger, «El alto Xingu es la única zona de la Amazonia brasileña que muestra claramente la continuidad de la ocupación indígena desde la prehistoria hasta la actualidad». Hacia el 1400 d.C., si no antes, las aldeas prehistóricas habían alcanzado proporciones impresionantes (20 a 50 hectáreas). Esto los hace entre los más grandes en cualquier área de tierras bajas de América del Sur en tiempos prehistóricos. Comprendían una variedad de estructuras, incluyendo calzadas lineales a lo largo de los márgenes de los caminos principales, patios centrales y zanjas profundas. Sin duda, esto habría ido acompañado de estructuras sobre el terreno como empalizadas, puentes y puertas de entrada. Se estima que tales aldeas podrían albergar alrededor de mil personas y que más de diez mil indios probablemente vivían al oeste del río Culuene en la región del alto Xingu. (povos indigenas brasil). Heckenberger cartografiará con la precisión de un agrimensor zanjas amplias y profundas y caminos anchos como las actuales autopistas, empalizadas que protegen pueblos, territorios explotados más o menos intensamente, numerosos pueblos unidos entre sí por una red de caminos muy sofisticada. Luego toma conciencia de un alto grado de integración regional. Los espacios ocupados se organizaron sobre cerca de 250 km², incluyendo 50 km² para conjuntos urbanos en el sentido estricto del término. Más recientemente, las excavaciones llevadas a cabo por el equipo anglo-brasileño de Jonas Gregorio de Souza revelarán un continuo de ciudades interconectadas de la civilización arahuaca en más de 400.000 km².

«Al mismo tiempo, regiones como la del sudoeste de la Amazonia albergaban una de las mayores diversidades de familias lingüísticas de la Amazonia, y la naturaleza multiétnica/multilingüística de los sistemas regionales queda ejemplificada por el Alto Xingu34». Se ha formulado la hipótesis de que el cinturón de arahuacos y otros grupos a lo largo del SRA constituye un sistema formativo suprarregional que estuvo presente desde finales de la época precolombina. De ser cierto, esta conexión sugeriría una distribución ininterrumpida de los movimientos de tierra a lo largo de 1800 Km. de este a oeste en el SRA y un impacto humano precolombino más intenso en los bosques de esta región que el anteriormente postulado «Los constructores de tierra precolombinos se asentaron a lo largo de todo el borde sur del Amazonas».

 Se trata de una visión que demuestra la imposibilidad para las civilizaciones amazónicas de desarrollar intercambios complejos entre ellas y de cultivar intensamente un terruño amazónico latinoamericano y estable que se encuentra en estado puro. Lo que se considera en el mejor de los casos como «bons sauvages» es un modelo para la salvaguarda del planeta, ¿lo sigue siendo?

Hecklenberger compara en efecto las ciudades del Alto Xingu con las ciudades-jardín que podrían ser el modelo más conciliador de urbanización duradera y de protección de la biodiversidad. Pero las reservas indias parecen ser muy frágiles en cuanto a la deforestación amazónica, la soja OGM y las tierras extensas.

(Este texto está ampliamente basado en el artículo de M. Hecklenberger en la revista Pour la science n°388, 2010)

La civilización Kuhikugu

En 2008, la prestigiosa revista científica Scientific American publicó un artículo redactado por David Biello (editor asociado) bajo el título Antigua amazonía realmente altamente Urbanizada, en la cual resumía las investigaciones del antropólogo Michael Heckenberger —publicadas, a su vez, en Science— en donde exponía las conclusiones de años de investigación que demostraban que en el estado brasileño de Mato Grosso, especialmente en proximidades del Alto Xingú , se habrían descubierto 28 «ciudades», pueblos y aldeas que habrían sostenido una población de unas 50.000 personas.

No se trataba de «Z», ni de templos y viviendas de piedra, sino de espacios urbanos donde lógicamente se había aprovechado al máximo los recursos naturales del lugar: árboles y tierra.

Lo hallado fueron evidencias de zanjas, circulares en la mayoría de los casos, cuadrangulares en otros, de unos tres metros que supieron tener de profundidad y diez de ancho, redescubiertas porque la lamentable deforestación habría dejado al descubierto, observable en ocasiones desde aeronaves y en otras desde tierra, de las evidencias de esas construcciones. Estamos ante grandes conglomerados sedentarios, construidos entre el año 400 y 1.400 de nuestra era, rodeados por esas zanjas y empalizadas de madera.

A su vez, estos pueblos estaban comunicados entre sí por canales navegables, rectilíneos, donde canoas llevaban y traían mercaderías (volveremos enseguida sobre este detalle), y caminos que cortaban la selva también de manera rectilínea. De estos «caminos» supe ver evidencias en lo profundo del Paraguay hace ya años, y me comentaban los lugareños que «los antiguos» procedían de la siguiente forma: talaban la selva en sentido y ancho de donde querían establecer la vía de comunicación. Dado que la vegetación, en esas latitudes, tarda pocas semanas en hacer desaparecer todo vestigio de haber sido destazada en algún momento, lo que hacía era sembrar, en esos espacios despejados, un tipo de pastizal llamado «paja brava», que crece hasta unos 50 o 60 centímetros de altura. Grueso, áspero, literalmente mata todo brote, toda extensión de la vegetación selvática que tratara de ganar el espacio anterior, con lo cual décadas y hasta siglos después era posible seguir observando evidencias de donde pasaban estas «carreteras en la selva».

La «cultura Kuhikugu» (nombre que se ha dado a este todavía tan poco conocido horizonte cultural tomando el nombre de los relatos orales de los «kuikuros», etnia local que ya merecerá toda nuestra atención, y que se consideran herederos de esos ancestrales pobladores) compartía la particularidad que todas las aldeas y ciudadelas tenían una carretera principal que corría de noreste a suroeste a lo largo del eje del Solsticio de Verano y se disponían a un promedio de cinco kilómetros unas de otras. Y, finalmente, se supone que desaparecieron sus habitantes exterminados por las enfermedades que se extendieron por el subcontinente más rápidamente que los feroces y salvajes conquistadores, al punto que luego la selva recuperó sus espacios naturales.

Estos espacios descritos quizás no serán suficientes, a ojos del lector crítico, para justificar el sueño de Fawcett; sin embargo, es apenas la parte emergente de una trama muy cerrada y extensa de historias civilizatorias sobre las que apenas —acudo a la metáfora blavatskyana— estamos levantando un extremo de velo.

 Porque si nos dirigimos un poco más al oeste, más precisamente en buena parte del estado de Beni en Bolivia y algo de Rondónia en Brasil, encontramos los llamados «Llanos de Mojos». Los «Moxos» (o los «Musus», como los encontramos denominados en escritos ya del siglo XVI) son asiento de otro misterio ya conocido de más antaño pero hasta ahora desconsiderado: las «lomas». ¿Qué son las mismas? Pues montículos absolutamente artificiales. Muchos, de tierra acarreada y apisonada; otros muchos, de ladrillos y bloques de adobe cubiertos de tierra. ¿Dimensiones?: algunos, los más grandes, llegan a los 20 metros de altura, por cien o ciento cincuenta metros de lado. Más aún: sobre esas plataformas en muchos casos se levantan terrazas, muros, empalizadas y verdaderas pirámides truncadas. ¿Ubicación?: unos 20 cerca de la ciudad de Trinidad; unos 380 alrededor de la población llamada Casarabe (llamada así porque entre fines del siglo XVIII y principios del XIX comenzaron a radicarse muchos inmigrantes de origen libanés y sirio, con lo cual se le llamaba coloquialmente la «casa árabe», que devino en el toponímico de referencia), y en toda la región mencionada… ¡se estiman unos 20.000!

En un interesantísimo estudio disponible en Internet, bajo el título A la sombra de los Andes. Arquitectura monumental en los Llanos de Mojos, los arqueólogos Carla Jaimes Betancourt y Heiko Prümers desarrollan un completo estudio sobre estos «montículos», señalando, muy acertadamente, que si estuvieran en Perú serían reconocidos como «huacas» o «pirámides truncadas» (esto, para contrarrestar la tendencia descalificadora con que la mirada de los lugareños —y también las autoridades zonales— contemplan estas ruinas). Pero además de su revalorización, estos profesionales ilustran sobre aspectos apasionantes. En efecto, aquí también tenemos Caminos Elevados, terraplenados, que comunican entre sí los montículos.

Ahora bien; en temporada de lluvias, toda esta enorme extensión —que cubriría dos veces la superficie de Suiza— se inunda. Los montículos, entonces, emergen como «islas» en el mar, siempre comunicados por los caminos elevados. Esa concepción visual, de sitios culturales unidos por caminos artificiales en medio de un enorme lago poco profundo, ¿a dónde nos remite?

A la Huey Tenochtitlán, con sus «chinampas» o islas artificiales, y los pueblos aledaños (hoy, absorbidos por el crecimiento de la urbe) como Xochimilco o Tlatelolco.

 Los Llanos de los Mojos quedaban en el camino, desde tiempos ancestrales, del «Gran Paititi», el reinado extraño que ya los conquistadores supieron buscar por esas latitudes. En Santa Cruz encontramos Samaipata, a la que algunos estudios le adjudican autoría a los poco conocidos Mojocoyas, y que yo creo la avanzada occidental de la civilización de Kuhikugu. Que, por cierto, no es la Kuhikugu decadente de las aldeas con empalizadas descritas párrafos antes: la «civilización de los Mojos» surge alrededor del 500 a.C, extendiéndose, según algunos autores, hasta el 1.000 d.C.

Interesante fenómeno: tomando ambos horizontes señalados, cuanto más atrás vamos en el tiempo más avanzada es la cultura.

De modo que tenemos esta cultura, que tanta sintonía tiene con ciertas particularidades mexicas, por remota que esta última parezca. Es más; se ha descubierto que junto a los caminos terraplenados y elevados discurrían canales por donde, en tiempos de sequía, sin duda grandes canoas continuaban llevando y trayendo mercaderías (además de servir de administrador de sistemas de riesgo). Insisto: esta descripción visual es absolutamente coincidente con lo que los «nahuas» habrían hecho en esos mismos tiempos en el Ánahuac, el México prehispánico.

Y aquí comienza a asomar un «secreto tolteca» anticipado en el título: en Rondónia y Mato Grosso —y esto ya lo señala Fawcett— existía una etnia (literalmente exterminada, aunque algunos descendientes se hayan mestizado completamente) que se llamaban a sí mismo «nahuas».

Recordemos que los «nahuas» han sido la etnia troncal de donde salen distintos «horizontes culturales» o pueblos, que conocemos como zapotecas, olmecas, totonacas, mixtecas, otomíes, etc y etc., en el Ánahuac prehispánico. Ánahuac que, justamente, significa «tierra de nahuas».

Que una «tribu» en el Amazonas se identifique con el mismo nombre, cuando menos, llama poderosamente la atención. Pero aún debemos señalar que todos estos pueblos amazónicos tenían dialectos y lenguas de origen Arawak. Es Fawcett quien, por esta correspondencia lingüística, supone que los «arawaks» (que hemos conocido como «caribes», los «araucas», los «araucanos» del sur de Chile y los «antis» de Perú (de donde surge el toponímico «Andes») pertenecen a la misma raza original.

Hoy sabemos que los «caribes» se extendieron por Sudamérica, dando origen a ramas como los Tupíes, los Tapuyas y los Carijós. De hecho, los Tupíes originan los guaraníes, de presencia dominante en el escenario sudamericano precolombino.

Fuertes en el NE brasileño, se supone que cierta rama de los caribes es responsable de lo que hoy conocemos como «Stonehenge del Solsticio de Verano»: una extraña construcción megalítica en cercanías de Rego Grande, en el estado de Amapá, donde un conjunto de moles de granito de autores desconocidos y formas extrañas que remiten a reminiscencias lovecraftianas desconcierta a propios y extraños. Se le llama de esa particular forma porque en una de las rocas existe un orificio por donde, en el solsticio de verano, atraviesa el sol a mediodía creando un círculo sobre otra piedra a alguna distancia.

Por ciertos restos hallados al pie de estos monolitos (fuegos, quizás rituales, encendidos en los puntos donde fueron instalados) se estima su erección aproximadamente en el 3.000 a.C. Sin duda no tiene relación con la cultura Kuhikugu por su antigüedad, pero demuestra que a lo largo y a lo ancho de lo que hoy llamamos Brasil hubo numerosos pueblos, aún desconocidos, en un período temporal dilatadísimo.

En la desembocadura del Amazonas sobre el Atlántico se encuentra (ya la mencionamos) la Isla de Marajó. En la misma se han encontrado «montículos» en un todo afines a los de los Llanos de los Mojos, aunque si se mira un mapa llama la atención la enorme distancia entre un área y otra. Empero, la identidad de construcciones da a suponer que de alguna manera —quizás ocupando el río Amazonas como vía de comunicación— grupos que se influyeron mutuamente migraron por ese conducto.

Del río Amazonas, mientras tanto, hay un par de cosas que debemos comentar. Por ejemplo, que su nombre autóctono original no era, obviamente, el de Amazonas, sino «Solimoes», y es aquí donde Fawcett se pregunta si en ese nombre no vemos la presencia del nombre de Salomón, y lo vincula con las famosas «minas» de donde fluía el oro y la plasta que este rey hebreo, especulando si, quizás, no habrían navegado en tiempos remotos a través del Atlántico y, por este río, llegado a casi sus fuentes en territorio peruano donde el oro y la plata —especialmente la segunda— abunda.

Sabemos que se le llamó «amazonas» por las historias de mujeres guerreras que vivirían en sus márgenes. Pues bien, sépase que las mismas efectivamente existieron y no se trata de un fábula de los conquistadores. Estas mujeres eran llamadas «Aikembenanas» por los otros pueblos y ya es una certeza etnográfica su existencia.

El secreto tolteca

Si bien Fawcett no había dedicado años a explorar las culturas antiguas del México prehispánico, es un hecho —sencillo de demostrar— que cuando menos, en teoría, lo había estudiado profundamente. No solamente se trata aquí de esa hilación de conocidos y amigos que pudieron hacerle llegar hallazgos de Maler y otros, voy a citar algunas referencias no menores.

Por ejemplo, en su libro ya citado, al hablar de los Toltecas los llama «sabios artistas». Puede parecer un detalle menor, y no lo es: aún hoy, son (somos) un número reducido los que conocemos algo del idioma náhuatl original donde la palabra tolteca se traduce, efectivamente, como «sabio artista»; mucho menos común hubiera sido ese conocimiento a fines del siglo XIX o principios del XX salvo que se esté profundamente empapado de estudios sobre el particular.

Fawcett con

struye su propia teoría. Según la misma, en tiempos remotísimos lo que hoy llamamos Brasil era apenas una de varias islas que ocupaban el Hemisferio Sur. Grandes cataclismos hicieron que el océano se hundiera en ciertos puntos y se elevara en otros (no podemos obviar aquí ver la influencia teosófica, con la presencia intensa de Mu y Lemuria). Tierras que emergieron se habrían fusionado con esa «isla» y formó lo que hoy conocemos como Sudamérica. Al mismo tiempo, otra isla se hundía en el Atlántico. Atlántida. De la misma escapa una casta de sabios artistas, sacerdotes y educadores, los primitivos toltecas —Fawcett mismo dice que emplea ese término a falta de uno mejor— quienes luego de permanecer durante siglos en México extendieron su influencia hacia el Sur. Aislados los grupos (si por guerras, hambrunas, cataclismos; vaya a saberse) un grupo de toltecas «degenerados» se transforma en los «caribes» que conocemos como tales.

Permítaseme hacer aquí una digresión: hace años señalé que hubo una corriente civilizatoria que se inició en la Atlántida y, cruzado a través de décadas hacia Occidente y Oriente, cruzó el Atlántico y llegó a América, siguiendo a un líder (o las enseñanzas y directivas de ese líder) que habría pasado a la historia y la leyenda con el nombre de «Kar», «K’ar» o «K’a’r’» (según las pronunciaciones). Señalé en su momento el «rastro toponímico» que dejaba su nombre a través de la geográfica, y en esa ocasión algunos críticos me atacaron diciendo que se trataba de una tontería pues, según ese razonamiento, una «car-nicería» indicaría el paso de Kar por allí. Sin embargo, no necesito discutir mucho: todos ustedes saben que muchísimos toponímicos se crean usando como raíz adjetivos calificativos del lugar y nombres propios. El pensamiento de Fawcett, entonces, ratifica ésta mi teoría.

Bien, sigamos. El explorador señala en su libro esa presencia «nahua» ya mencionada en proximidades del Alto Xingú. Cerca, también, se encuentra otro grupo cultural, los «Maxubis», con quienes conviviera un tiempo, llamándole poderosamente la atención el ritual de, todos los amaneceres, formar toda la aldea mirando al naciente Sol, elevar sus manos en esa dirección y cantar al unísono un himno de salutación al mismo (costumbre que se encontraba hasta épocas muy recientes entre los mexicas). Estos «toltecas», incluso y siempre según la mirada de Fawcett, habrían llegado a ser los fundadores de Tiwanaku.

Podría decirse que era una teoría demasiado simplista ese «difusionismo excesivo» que proponía el inglés. Por cierto, llega a señalar que veía como posible que una rama de los Tupíes hubiera migrado a través del Pacífico hasta la Polinesia, ocupando en el camino Rapa Nui (Isla de Pascua).

Puede parecer excesivamente simplista este «difusionismo», pero en puridad no podría negarse puntualmente el extraordinario parecido que tienen las tallas en madera de los «fueguinos» (en puridad, los selk’nam, onas y yámanas) con los moais de la Isla de Pascua. Puede verse como exagerado ese difusionismo. Pero quien, como un servidor, ha tenido la oportunidad de estar frente a los moais y contemplar directamente las tallas onas conservadas en museos, no puede negar su extraordinario parecido.

Permitan ustedes que yo agregue, a las ideas de Fawcett, un elemento menor pero sugestivo. He hablado ya de los «kuikuros», el grupo tribal (hoy, de unos 500 individuos) que en los Altos del Xingú son los herederos (dicen serlo) de la cultura Kuhgikugu. Muchos de ellos ya están integrados a la civilización occidental, y de los que permanecen viviendo en sus aldeas originales supongo lo hacen por la interesante conveniencia del turismo. Con un altísimo cociente intelectual uniformemente distribuido entre ellos (es hasta simpático verles totalmente inmersos en su ambiente folklórico… pero sin dejar de revisar —algunos, claro— periódicamente sus celulares, aceptando sin ambagues que cuidar sus raíces no va en detrimento de estar enterados de lo que pasa en el mundo vía redes sociales), una de sus costumbres es conservar vestimentas rituales que emplean en ceremonias ancestrales. En ese ajuar se ocupan sólo cuatro colores: negro, rojo, amarillo y blanco. Los cuatro colores, precisamente, que identifican desde siempre a los «cuatro rumbos» del pensamiento mexica, a las nahui mitl, las «cuatro flechas» simbólicas. Son los colores de los «rezos» que se cuelgan ceremonialmente en el «Árbol de Rezos», los colores de las «cuatro puertas» de la ceremonia del Temazcal Guerrero…

Terremoto de Kangding-Luding

Terremoto de Kangding-Luding de 1786

El 1 de junio de 1786 se produjo un terremoto en Kangding y sus alrededores, en lo que hoy es la provincia china de Sichuan. Tuvo una magnitud estimada de aproximadamente 7,75 y una intensidad máxima percibida de X (extrema) en la escala de intensidad de Mercalli. El terremoto inicial mató a 435 personas. Después de una réplica diez días después, otras 100.000 personas murieron cuando se derrumbó una presa a lo largo del río Dadu.

Terremoto de Kangding-Luding de 1786

Fecha local: 1 de junio de 1786

Hora local: Mediodía [1]

Magnitud: 7,75 Mw [1]

Profundidad: 20 kilómetros (12 millas) [2]

Epicentro: 29,9°N 102,0°E

Zonas afectadas: Sichuan, dinastía Qing China

Máx. intensidad: X ( Extremo )

Derrumbes: Muchos

Damnificados: 435 por el terremoto y unos 100.000 por la rotura de la presa del deslizamiento de tierra

Entorno tectónico

Sichuan se encuentra dentro de la compleja zona de deformación asociada con la colisión continua entre la Placa India y la Placa Euroasiática . La corteza engrosada de la meseta tibetana se está extendiendo hacia el este provocando el movimiento hacia el sur del bloque Sichuan-Yunnan. El lado este de este bloque está delimitado por el sistema de fallas Xianshuihe , una importante zona de falla de rumbo lateral izquierdo. El movimiento en esta zona de falla ha sido responsable de muchos terremotos dañinos importantes,[3] como el terremoto de Dawu de 1981.[4]

Terremoto

Un mapa isosísmico construido para este terremoto muestra que la zona de máxima sacudida se alargó en dirección noroeste-sureste, paralela a la traza de la falla de Xianshuihe. La magnitud de 7,5 a 8,0 se ha estimado a partir de la extensión de la zona de intensidad VIII (severa). Las técnicas de detección remota, respaldadas por un estudio de campo, identificaron una zona de ruptura de falla superficial de 70 kilómetros (43 millas) de largo que se cree que está asociada con el terremoto. El segmento de falla activo ha sido identificado como falla de Moxi.[2]

Presa de deslizamiento de tierra

El terremoto provocó numerosos deslizamientos de tierra, uno de los cuales bloqueó el río Dadu, formando un lago temporal. La presa tenía unos 70 metros (230 pies) de altura y retenía un volumen de agua estimado en unos 50.000.000 de metros cúbicos (65.000.000 de yardas cúbicas). El 9 de junio, el lago había comenzado a fluir sobre la presa y una réplica el 10 de junio provocó que la presa colapsara repentinamente, liberando el agua represada y devastando áreas río abajo.[2] Es el segundo desastre por deslizamiento de tierra más mortífero registrado, después del terremoto de Haiyuan de 1920.[5]

Daño

El terremoto causó daños generalizados en la zona epicentral. Las murallas de la ciudad de Kangding se derrumbaron y los graves daños sufridos por muchas casas y edificios gubernamentales provocaron 250 víctimas. En el condado de Luding, 181 personas murieron en edificios derrumbados. Tanto en Qingxi como en Yuexi, partes de las murallas de la ciudad fueron destruidas y muchos edificios sufrieron graves daños, lo que provocó más víctimas.[1]

La inundación resultante del colapso de la presa llegó a la ciudad de Leshan el 11 de junio y provocó el colapso de parte de las murallas de la ciudad. Los espectadores que se habían reunido para observar la inundación desde los muros fueron arrojados al agua. Los efectos destructivos de la inundación continuaron río abajo en Yibin y Luzhou, y se estima que murieron en total 100.000 personas. Los residentes locales hicieron una placa conmemorativa que describe estos acontecimientos y que ahora se conserva en la Oficina Sismológica de Luding.[2]

Jan de Stobnica

Jan de Stobnica

Mapa de América publicado por Jan de Stobnica.

Jan de Stobnica (Stobnica, c. 1470-1530) fue un geógrafo, filósofo y naturalista polaco, profesor de la Universidad Jagellónica y rector de la Academia Lubranski.

Estudió en la Universidad Jagellónica, donde impartió clases como profesor entre 1498 y 1514. Es autor de numerosas obras sobre temas de gramática, lógica, astronomía, geografía, matemáticas, música, ciencia y ética.

El 1512 publicó una obra geográfica, Introductio Ptholomei Cosmographia, que contiene uno de los primeros mapas de Polonia.

Pero más importante aún, esta edición de Jan de Stobnica de la Geografía de Ptolomeo es el primer documento donde, imitando una de las ilustraciones menores de la Universalis Cosmographia de Martín Waldseemüller, figura un mapa de América del Norte y del Sur mostrando explícitamente la conexión por un istmo de ambos continentes. Habiendo estado perdido durante mucho tiempo el mapa de Waldsemüller, se tuvo al mapa de Stobnica por el primero en mostrar América —o la «Terra Incognita»— como un continente separado de Asia.

Esta Cosmographia de 1512 es la más preciada obra polaca de la New York Public Library. Es una de las más antiguas referencias conocidas de América del Norte con el golfo de México delimitado por la península de la Florida, curiosamente etiquetada como Isa-bella (véase el grabado), nombre que correspondería a la Cuba de la época, que, sin embargo, deja en blanco.1

También fue el autor del manual de historia natural Parvulus philosophiae naturalis y de disertaciones en el campo de la metafísica, gramática y lógica. Como filósofo fue defensor del escotismo.

Leake Mounds

Leake Mounds

Sitio de Leake Mounds en 2015

Ubicación: Cartersville, Georgia, Condado  de Bartow, Georgia, EE.UU.

Región: Condado de Bartow, Georgia

Coordenas: 34o8o21.55-N 84-50-46.03-W

 Historia

Fundada: 300 a.C.

Abandonado: 1500 d.C.

Periodos: Middle Woodland, fase Lamar

Culturas: Swift Creek Culture, South Appalachian Mississippian culture

 Arquitectura

Detalles arquitectónicos: Número de templos: 3

Leake Mounds (9BR2) es un importante sitio arqueológico en el condado de Bartow, Georgia construido y utilizado por los pueblos de la cultura Swift Creek. El sitio está a 2,2 km al oeste de los conocidos montañosos de Etowah en el río Etowah. Es anterior a ese sitio por cientos de años.

La excavación de casi 50.000 pies cuadrados (4.600 m 22) en el sitio mostró que Leake Mounds fue uno de los sitios de período Middle Woodland más importante en esta área de alrededor de 300 a.C. a 650 CE. Era un centro con lazos en todo el sureste y el medio oeste. Fue abandonado alrededor de 650 d.C. No fue ocupada de nuevo durante casi novecientos años, hasta alrededor de 1500, por diferentes pueblos cerca del final del período de la cultura misisipeda.[1]

El sitio incluye al menos tres grandes montículos de plataforma y un gran foso/diputado semicircular. Mientras que gran parte de los montículos fueron arrasados para ser utilizados como relleno vial para la expansión de la Ruta Estatal 113 de Georgia y la Ruta Estatal de Georgia 61 en la década de 1940, siguen siendo porciones significativas del sitio. Varios sitios en la cercana Montaña Ladds estaban integralmente asociados con Leake, incluyendo Shaw Mound, un montículo funerario de piedra; Indian Fort, un recinto de la pared de piedra; y Ladds Cave, una gran cueva.

Ejemplos de un tipo de decoración de cerámica que consiste en un chequeo en forma de diamante encontrado en Leake Mounds también son conocidos de los sitios de Hopewell en Ohio (como Seip, Rockhold, Harness y Turner), el sitio de Mann en el sur de Indiana. Este estilo también se ha encontrado en la cerámica en otros sitios del sur, como el sitio Miner’s Creek, 9HY98 y el sitio de Mandeville en Georgia, y el sitio de Yearwood en el sur de Tennessee.[2]

¿Qué es el sitio Leake y por qué es importante?

El sitio de Leake es un sitio arqueológico de nativos americanos que se encuentra a lo largo del río Etowah al suroeste de Cartersville, Georgia, en el condado de Bartow. El sitio contiene los restos de una ocupación india americana que duró aproximadamente desde el 300 a. C. hasta el 650 d. C. Estos restos incluyen tres montículos de tierra y una gran zanja circular, junto con un extenso “basurero” que representa una mezcla de tierra oscura de desechos orgánicos descompuestos y artefactos. . El sitio fue excavado antes de la ampliación de la carretera estatal 61/113, con más de 50,000 pies cuadrados excavados. La investigación arqueológica del sitio Leake reveló que este sitio representa un centro importante durante el período prehistórico del Bosque Medio, ocupando un lugar destacado en la interacción entre los pueblos. de todo el sureste y el medio oeste de los Estados Unidos.

Mapa del sitio.

El sitio de Leake fue registrado inicialmente a finales del siglo XIX por investigadores del Instituto Smithsonian bajo la supervisión de Cyrus Thomas. James Middleton y John Rogan produjeron cada uno mapas de Leake, que representan tres montículos; Rogan también excavó una parte del Montículo B. Desafortunadamente, los montículos de tierra en Leake fueron arrasados ​​en la década de 1940 para usarlos como relleno de carreteras cuando la carretera Dallas – Rockmart Road (State Highway 61/113) se trasladó a su ubicación actual, por lo que sabemos relativamente poco sobre las últimas etapas de los montículos. Sin embargo, las partes inferiores de los montículos permanecen y han proporcionado información importante sobre su época de construcción y uso. Además de lo que se ha encontrado mediante excavaciones arqueológicas, los mapas históricos, las descripciones y las fotografías del sitio de Leake han sido de gran ayuda para reconstruir el diseño del sitio de Leake.

Fotografía aérea comentada de 1938 que muestra el sitio de la fuga antes de la demolición de los montículos.

Alrededor del año 300 a. C., la población local comenzó a vivir en el sitio de Leake, similar a las numerosas otras aldeas que salpicaban el valle de Etowah en ese momento. Durante los siglos siguientes se inició la construcción de monumentales movimientos de tierra. En particular, sabemos que se construyeron las primeras etapas del Montículo B y al menos una parte de la zanja. Parece que la zanja era un antiguo canal del río Etowah que fue modificado por los ocupantes. Si bien la mayoría de la cerámica y otros restos de la ocupación temprana representan productos locales, la presencia minoritaria de artículos no locales indica que pueblos de otras partes del este de EE. UU. estaban visitando el sitio y/o que los locales traían materiales extranjeros de sus países. viajes. Hemos identificado cerámica de la costa del Golfo y del norte de Mississippi/Alabama, mientras que un pequeño fragmento de cobre puede derivar de la región de los Grandes Lagos. Estos materiales fueron recuperados de un área cercana al Montículo B que es indicativo de actividades grupales/comunales. Estas actividades parecen haberse centrado en la construcción de movimientos de tierra y los rituales asociados con esto.

Fotografía de 1917 de Leake Mound B tomada desde el borde norte del Mound A. Observe la cumbre de la montaña Ladds al fondo a la derecha y el caballete del ferrocarril sobre el río Etowah en el centro a la derecha.

Alrededor del año 100 d.C., la ocupación del sitio se desplaza hacia el oeste/suroeste desde el interior del área creada por la zanja hacia el exterior del área de la zanja. Este cambio coincide con la aparición de la complicada cerámica estampada de Swift Creek, un tipo de cerámica caracterizada por diseños elaborados que fueron impresos en el exterior de las vasijas (ver aquí imágenes de esta cerámica). La cerámica de Swift Creek se encuentra en la mayor parte de Georgia y partes de los estados circundantes; Leake se encuentra en el extremo norte de su distribución. Además de la cerámica de Swift Creek, la cantidad de artículos y materias primas rituales y no locales aumenta drásticamente en este momento. Esto incluye láminas de escamas de pedernal Flint Ridge de Ohio; cerámica de la Costa del Golfo; figuritas cerámicas de seres humanos y animales; cristales de cuarzo; grafito; cobre; galena; mica; y hematita. Muchos de estos elementos son representativos de la participación dentro de la esfera de interacción de Hopewell, en la que poblaciones de todo el este de Estados Unidos interactuaron en contextos sociales, económicos, políticos y religiosos. Al igual que hoy, personas y grupos realizaban viajes de larga distancia y peregrinaciones a centros y lugares imbuidos de un poderoso significado cultural. En general, se cree que en esos sitios se llevaban a cabo rituales y ceremonias, particularmente en relación con los movimientos de tierra. Por sus monumentales movimientos de tierra, Leake era uno de esos lugares.

Aproximadamente en el año 400 d.C., el sitio de Leake se había expandido aún más hacia el oeste/suroeste. En esta área se construyó una gran estructura cuadrada, que mide aproximadamente 35′ de lado y abarca casi 1200 pies cuadrados. Los restos en el área sugieren que esta estructura fue utilizada para actividades comunitarias/grupales más que como una casa doméstica. Cerca se encontraron los restos de un gran festín, que incluía venados, pavos, pájaros y tortugas. Los artefactos de este foso de banquete incluyen muchos materiales exóticos y de valor social que indican una fuerte conexión con la Costa del Golfo, como un diente de tiburón y cerámica de esa zona. El contexto de estos artefactos sugiere que fueron utilizados y descartados en una muestra de las conexiones sociales y el prestigio de los patrocinadores. En algún momento alrededor del año 650 d. C., el sitio de Leake fue abandonado y no fue reocupado hasta alrededor del año 1500, hacia el final de lo que los arqueólogos llaman el período del Mississippi.

Justo al otro lado del río Etowah, en la cercana montaña Ladds, hay varios sitios importantes (Shaw Mound, Indian Fort y Ladds Cave) que estaban integralmente relacionados con el sitio de Leake. Todos estos sitios también fueron documentados por investigadores del Instituto Smithsonian al mismo tiempo que Leake. Se descubrió que la cueva Ladds había sido sellada con piedras, y en sus profundidades se registraron fósiles de animales y huesos humanos. El “Fuerte Indio” en la cima de la Montaña Ladds era un muro/recinto circular de piedra que fue cartografiado y descrito por Charles Whittlesey en 1881. Si bien el nombre “Fuerte Indio” implica que era una fortificación defensiva, más bien representaba un recinto que Habría servido como lugar para actividades ceremoniales. Este sitio fue desmantelado en 1936 para poder utilizar la piedra como relleno de carreteras.

Fotografía aérea comentada de 1938 que muestra el sitio de Leake y los sitios de Ladds Mountain.

El Shaw Mound era un túmulo de piedra al pie de la montaña Ladds que fue desmantelado alrededor de 1940 para recolectar las piedras para rellenar el camino y satisfacer la curiosidad del propietario. En el interior se encontró un solo individuo, enterrado con varios objetos de cobre, incluido un hacha (hacha), una coraza y un recorte; grandes láminas de mica encima de la cara y el pecho; y hachas de piedra. Los restos de la producción de estos artículos abundan en el sitio de Leake. Este entierro proporciona información significativa sobre el sistema social que caracterizó las culturas locales. Enterrado aparte de los demás en un gran montículo al pie de esta montaña, este personaje fue sin duda un líder prominente asociado con el sitio de Leake. Se les puede equiparar con un “Gran Hombre/Mujer”, una persona que ha alcanzado una posición de alto prestigio social y poder a través de sus acciones y no a través de la herencia. Probablemente jugaron un papel decisivo en los acontecimientos ceremoniales, políticos y económicos en Leake, como la organización y el apoyo a la construcción de los movimientos de tierra.

1936 Fotografía de Shaw Mound en medio de un campo de maíz. Shaw Mound es visible como la elevación en el centro, mientras que la cara minada de los edificios Ladds Mountain y Ladds Lime Works Company están a la izquierda. La cueva Ladds estaba ubicada en el área de la montaña que ha sido minada.

Es probable que la presencia de Ladds Cave, ahora ausente debido a la minería, haya sido un factor principal en el desarrollo del sitio de Leake; Se sabe que las cuevas fueron un símbolo del Mundo Inferior para los indios del sureste, y se han encontrado entierros y otras evidencias de actividades rituales durante este tiempo en cuevas de todo el sureste. Junto con esto, el entorno geológico y geográfico ayudó a impulsar su rápido crecimiento. Debido a la rica y diversa geología, las rocas y minerales que se utilizaron para crear elementos de alto valor social (mica, grafito, cristal de cuarzo, hematita y ocre rojo) estaban fácilmente disponibles en la zona. Además, el entorno fisiográfico cerca de la interfaz de varios valles fluviales importantes (es decir, Tennessee, Chattahoochee/Apalachicola, Coosa, Ocmulgee/Altamaha) conectaba este lugar con la costa del Golfo, la costa atlántica y el Medio Oeste. Este entorno y los restos arqueológicos encontrados en Leake indican que el sitio era una “puerta de entrada” entre el Sureste y el Medio Oeste. Leake sirvió como centro de peregrinación, lugar de parada durante la preparación de los viajes, pueblo residencial y lugar de ceremonias y culto religioso.

Mapa que muestra los principales sistemas fluviales en relación con el sitio de Leake.

Se desconocen las razones precisas del abandono del sitio de Leake alrededor del año 650 d.C., aunque coincide con un cambio regional en los patrones de asentamiento y organización política. La cerámica de Swift Creek se sigue fabricando en otras áreas del estado, como el centro y noreste de Georgia, pero en general falta en el noroeste de Georgia después de esta fecha. Puede ser que la ideología comunal de los seguidores de Swift Creek no encajara con el surgimiento de un sistema social más desigual que floreció en el período del Mississippi, de modo que este sistema social basado en el apoyo comunitario esencialmente se erosionó. Puede ser que los recursos económicos necesarios para sustentar grandes concentraciones de personas se agotaron durante los varios siglos de ocupación. Puede deberse a factores que no son fácilmente identificables en el registro arqueológico. Aunque los monumentales movimientos de tierra construidos por estas personas ya no son visibles, el complejo del sitio Leake es tan fascinante e importante como los montículos Etowah más jóvenes que se encuentran 2 millas río arriba. Las investigaciones arqueológicas del sitio de Leake han proporcionado respuestas a muchas preguntas sobre las actividades de las personas durante este período de tiempo; al mismo tiempo, han planteado muchas preguntas adicionales que los investigadores intentarán responder en las próximas décadas. Y al igual que los Montículos Etowah, la importancia del sitio de Leake aboga por la protección de las partes restantes para que todas las personas puedan compartir esta historia.

Mapa de Leake de la década de 1880 por James D. Middleton.

 

 

Fotografía aérea de 1943 que muestra la colocación de una nueva carretera y la demolición de montículos.

 

 

 

 

Figuras humanas de cerámica.

 

 

 

 

Cuenco de cerámica estampado complicado de Swift Creek reconstruido.

 

 

 

 

1883 Mapa y descripción del fuerte indio por Charles Whittlesey (de Wauchope 1966).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terremoto de Valparaíso de 1730

Terremoto de Valparaíso de 1730

Coordenadas: 32°30′S 71°30′O

9.11​ en potencia de Magnitud de Momento (MW)

Fecha y hora: 8 de julio de 1730

Consecuencias

Zonas afectadas: Zona centro de Chile

Víctimas: 3000 muertos

El Terremoto de Valparaíso de 1730 fue un movimiento sísmico ocurrido a las 04:45 (hora local) del 8 de julio de 1730, con epicentro en el puerto de Valparaíso, Chile. Fue percibido desde Iquique hasta Osorno, y dañó la infraestructura de las ciudades de Valparaíso, Santiago, La Serena y Concepción, las cuatro más pobladas del país. El Sismo provocó un maremoto muy destructivo en toda la zona central de Chile.12​ Se trató de un evento que de haber sido medido se ubicaría como el segundo más grande después del terremoto de Valdivia de 1960, pero del que solo se sabe a través de registros históricos.

Efectos en la infraestructura

En Santiago, el sismo afectó a gran parte de las edificaciones. Las iglesias de Santo Domingo y de la Merced se derrumbaron por completo; la Compañía, la Catedral, San Francisco y San Agustín perdieron sus torres; más de la mitad de las casas cayeron, quedando inhabitables. Para colmo, dos días después se descargó una lluvia que duró veinticuatro horas, amenazando con desbordar el río Mapocho.3

El gran terremoto afectó a la zona comprendida entre La Serena y Valdivia. De nuevo Santiago es destruida, tras el terremoto de 1647, aunque con menos víctimas que antes. En la costa, los estragos fueron mayores por el subsecuente maremoto. Las edificaciones rurales quedaron en el suelo y lo que no fue aplastado se malogró por las lluvias torrenciales del invierno que ya se había iniciado. Como en otras ocasiones, la peste y la viruela que se presentan en 1731 matan a muchos que se habían salvado en el terremoto.

Las autoridades pusieron su empeño en la reconstrucción de las ciudades, requiriéndose el adelanto del Real Situado desde Lima y se eximieron los impuestos por tres años. Entonces la población era en su mayoría rural, radicada en las haciendas, caseríos o a orillas de los pocos caminos. El gobernador José Antonio Manso de Velasco estimó oportuno establecer otros pueblos entre Santiago y Chillán, considerando la recuperación del país. A partir de 1740 se fundaron las villas de San Felipe, Los Ángeles, Cauquenes, Talca, San Fernando, Melipilla, Rancagua, Curicó y Copiapó en el norte, obra que se realizó con el aporte de los propios vecinos.4

Maremoto

Se generó un maremoto que afectó desde Callao (Perú) por el norte hasta Valdivia por el sur.5​ Al llegar a la bahía de Concepción desde el norte, el fenómeno se manifestó de manera similar a los anteriores: el mar se retiró aproximadamente un kilómetro de la playa y cuatro olas gigantescas seguidas destruyeron los 2/3 de Concepción, arrastrando los objetos al mar. Se registraron olas de hasta 8 metros sobre el nivel del mar, con una inundación horizontal de tres cuadras.6​ En Valparaíso, sólo inundó las partes bajas y arrasó las bodegas más inmediatas a la playa,7​ aunque estudios más recientes indican que en la Ciudad Puerto, el mar subió unos 7 M, alcanzando el templo de los padres de San Agustín y la iglesia de los Mercedarios.6​ en El Almendral todas las casas, fortificaciones y bodegas fueron destruidas por la inundación. Este es el primer registro de un tsunami destructivo en Valparaíso.8​ Además, geológicamente se ha reconocido que en la zona de Campiche, en el extremo norte de la bahía de Quintero, el tsunami habría penetrado unos 2 km tierra adentro.6

A las costas de Japón, las olas llegaron aproximadamente un día después del terremoto y se informó en al menos seis lugares a lo largo de la costa noreste de Honshu de un aumento del nivel medio del mar de hasta dos metros. Este tsunami también causó daños en campos de arroz en Japón.6

¿Cómo lo estimaron? El geógrafo Marco Cisternas, explica que realizaron una revisión histórica de textos escritos de primera fuente (personas que vivieron en el terremoto y tsunami) y midieron la altura de los puntos hasta los que de acuerdo a los testigos y señas llegaron las olas.

Entre los escritos de la época que revisaron, destacan documentos que están en los Archivos de la Nación en Perú, el Archivo de Indias en España, registros de mareas que se encuentran en Japón y los registros de los religiosos franciscanos y mercedarios, congregaciones que entonces estaban instaladas en el puerto de Valparaíso.

“Encontramos textos que dicen que se cayeron tejas, lo que ya indica que fue superior en intensidad los 7 grados. También nos fijamos en la altura del tsunami porque hay una relación directo entre tamaño del terremoto y el nivel tsunami”, señala el geógrafo.

Todos estos datos fueron parte de un modelamiento matemático que permitió estimar la ruptura de las placas entre 600 y 800 kilómetros y la magnitud del terremoto, la que situaron entre los 9,1 y 9,3. “Toda la información que obtenemos se ingresa a un modelo matemático en el que vamos reproduciendo lo que tiene que pasar en la ruptura para que ocurra todo lo que hemos encontrado en los registros históricos. Cuando tenemos una ruptura con todas las condiciones, nos quedamos con ese tamaño de ruptura y determinamos la magnitud del terremoto, es decir la energía liberada”, dice Cisternas.

Según el modelo al que llegaron los investigadores, en Valparaíso el mar ingresó hasta la iglesia de la Merced la que resultó completamente destruida (donde actualmente se ubica el Colegio Pedro Nolasco) y también a la Iglesia de la Matriz, el lugar donde está actualmente el Palacio de Tribunales. En el puerto, a la altura del ingreso a la Iglesia La Matriz, tuvo una altura aproximada de once metros, provocando la muerte de al menos tres mil personas.

Incluso se registraron también daños severos en edificios al otro lado de Los Andes, en Mendoza, señala la publicación. “Fue un terremoto más grande de lo que pensábamos. Como entonces Valparaíso no estaba tan ocupado como ahora la destrucción no fue mayor y fue principalmente material. En 1730 habían bodegas, no era una ciudad propiamente sino más bien un lugar donde estaban las bodegas de los comerciantes que vivían en Santiago. Viña del Mar prácticamente no existía”.

Los registros dicen que se perdieron 80 mil sacos de trigo que estaban listos para irse a Perú”, detalla el investigador.

Así se veía Valparaíso en 1712, casi veinte años del gran terremoto. CREDITO: Memoria Chilena (Frezier/ Edmund Halley)[/caption]

Energía acumulada tras 300 años

Hoy la tarea de Cisternas y sus colegas es llamar la atención sobre este evento porque han pasado casi 300 años sin un evento de estas características y las rupturas que han ocurrido desde entonces no han alcanzado a liberar la energía que se acumula desde entonces. “Se ha creado una especie de inmunidad en la mente de las personas que creen que ante un gran sismo no ocurrirá un tsunami en la región, pero eso no es real. Desde la ciencia sabemos que ocurrirá un evento como ese, lo que no sabemos es cuándo. Si hoy se repitiera el terremoto de 1730, en Viña del Mar las olas llegarían a la antigua población Vergara, hasta la base del cerro Sausalito y el agua ingresaría primero por el estero Marga Marga. Esa es una zona de gran vulnerabilidad. Para que ocurra un tsunami destructivo es una cuestión de tiempo. En Valparaíso, el agua llegó hasta donde se inicia la subida Santos Ossa, no hay que olvidar que la Avenida Argentina es un canal cubierto. Toda esa zona, el Congreso, el sector el Almendral, también está en riesgo”, dice Cisternas.

Como parte del recordatorio de este evento la Onemi, CYCLOS, Universidad Santa María y Proyecta Memoria, han organizado una serie de charla, talleres y presentaciones a colegios y la población general.

Particularidades del terremoto

Una opinión similar entregó Patricio Winckler, colega de Reyes en el plantel superior y coautor del artículo científico The 1730 Great Metropolitan Chile Earthquake and Tsunami Commemoration: Joint Efforts to Increase the Country’s Awareness.

“El sismo de 1730 es uno de los más grandes desde que llegaron los españoles a Chile. Hay poco registro, pero mucha crónica histórica que muestra los efectos, por ejemplo, en algunas iglesias, como las de La Matriz y Los Agustinos y el monasterio de los Mercedarios”, partió el académico.

“Durante estos 290 años han ocurrido otros terremotos, como el 1906 o 1922, pero fueron profundos y en vez de desplazar la ruptura más cerca del agua fueron más interiores, con mucho levantamiento de la costa; pero si el terremoto es más cerca del mar es más bajo, como el de 1730, que probablemente rompió toda la zona interplaca”, explicó.

“En la zona baja de la placa, más cercana al mar, no se movió mucho con los sismos de 1096 y 1922, por eso se especula que aún estaría acoplada y sería esperable que esa zona tenga un movimiento similar y cuando eso pase va a generar tsunami probablemente grande“, adelantó.

“Cada año la placa de Nazca se acerca 10 centímetros a la Placa Sudamericana, por lo que en casi 300 años ya habrían cerca de 30 metros de desplazamiento relativo acumulándose. Ha habido terremotos, pero no han sido suficientemente fuertes para destrabar la zona superficial de la interplaca”, alertó.

Sobre los posibles efectos de un tsunami de esas características, Winckler agregó que “inundaría todo plan de Valparaíso y Viña del Mar y el tema es cómo se evacúa a la gente”.

En la opinión de Winckler, el plan de la Ciudad Jardín es muy grande, por lo tanto sería necesario implementar la evacuación vertical en edificios públicos y “que exista una ordenanza de urbanismo y construcciones para que los privados abran las puertas”.

“En Valparaíso se está más cercano el pie de cerro, pero existe el concepto de micro vulnerabilidad, que significa que los edificios se van a venir abajo”, avizoró.

Por Rodolfo Follegati Pollmann.

Valparaíso en esos tiempos apenas era un conjunto de bodegas y chozas, un par de iglesias con su cofradía de frailes y alguna fortaleza militar que difícilmente cumplía las funciones defensivas de lo que se consideraba el puerto de Santiago. Su población era escasa e inestable, se componía de unos pocos religiosos y militares y algunos residentes que cuidaban las mercaderías almacenadas en rudimentarias bodegas a la espera de ser embarcadas al puerto del Callao en Perú. Los pocos datos de población hablan de unos 300 habitantes en 1710, según un informe del Obispo de Santiago, y de 478 vivientes en 1744, según las autoridades locales. Entre estas cifras podemos imaginar la escasa población de Valparaíso en 1730, la que además no residía en el puerto de manera permanente.

Imagen: Valparaíso hacia 1730, apenas unas casas y bodegas. Fuente: Pierre Montier, Nouveau voyage du monde par M. Le Gentil, Amsterdam, 1728.

La poca población se agrupaba en torno a la iglesia de la Matriz, que ocupaba la misma ubicación actual, es decir la primera terraza sobre las costas que bañaban la actual plaza Echaurren. El único terreno plano, entre la playa y el pie de los cerros, lo constituía una calle irregular donde estaban las bodegas que almacenaban los productos antes de ser embarcados. En lo que hoy conocemos como el barrio Almendral se destaca el convento y la iglesia de los mercedarios, en medio de un extenso arenal y playa, en un terreno prácticamente deshabitado, considerado como los extra muros del poblado.

Decíamos en el título que el terremoto de 1730 es el olvidado, el desconocido e ignorado. Lo poco que se sabía de él es que habría destruido algunas bodegas, iglesias y algunas instalaciones del castillo del gobernador. La población habría resistido por encontrarse a una altura suficiente para que no fuera inundada por la ola producida por el tsunami que acompañó al terremoto. En general se consideraba que los daños fueron menores, pero no por lo menor que haya sido el terremoto, sino por lo poco que destruyó, pues en el Valparaíso de 1730 era muy poco lo había edificado y muy poco lo que hubiera de lamentar.

Planisferio de Sylvanus

Planisferio de Sylvanus

Planisferio de Sylvanus

El planisferio de Sylvanus o Mapamundi ptolemaico es el primer planisferio impreso a dos tintas. Fue dibujado por el cartógrafo italiano Bernardo Sylvanus para la edición de 1511 de la Geographia de Ptolomeo realizada por Jacob Pentium.

Descripción

El planisferio, impreso en colores negro y rojo, mide 56,5 × 41,5 centímetros. Utiliza una proyección cordiforme que permite conservar mejor las proporciones, tratando de agregar la información proporcionada por los planisferios de Cantino y Caverio y las noticias proporcionadas por los navegantes, principalmente portugueses, al esquema ptolemaico general, sin sentir la necesidad de alterarlo.

Las tierras recientemente descubiertas se localizan en dos bloques, siguiendo el esquema de Cantino en su disposición general excepto en las costas de América del Norte que desaparecen. En su lugar, al norte y en la misma latitud que ocupa la península ibérica, se representan dos grandes islas y otras menores denominadas «Terra Cube» y «ispaniar insu». Labrador («terra laboratorus») es una isla situada más al este, próxima a Irlanda. Al sur, una gran masa de tierra continental cortada por el margen a la izquierda, recibe el nombre de «Terra Sanctae Crucis», dado por los portugueses a Brasil. Colocadas entre Europa y Asia, nada indica, sin embargo, que se conciban como un continente nuevo, no existiendo apenas distancia entre Cuba y Cipango, localizada en el extremo este, sin tierra que las separe.